Agregado en 23 October 2008

Hasta los tres meses, lo habitual es que no haya ningún problema: el bebé se despierta cada tres o cuatro horas, come y se vuelve a dormir.
Hacia los tres meses, el chiquito empieza a acomodar su ritmo de sueño al de los adultos (puede ser que duerma seis horas por la noche, aunque se despierta al amanecer), pero hasta los seis, aproximadamente, no tendrá perfectamente organizado su reloj biológico; es decir, no empezará a distinguir el día de la noche.
Aun así, ya podemos comenzar a sentar las bases del buen dormir. Es importante no cerrar del todo la persiana de su habitación mientras hace sus siestas (para que perciba la luz solar) y que se vaya acostumbrando a los ruidos habituales de la casa durante el día.
Por la noche es mejor que se acostumbre a la oscuridad y el silencio (para que aprenda a diferenciar el día y la noche) y que antes de acostarse papá o mamá introduzcan algún elemento que él empiece a asociar con el momento de irse a dormir: el baño, un rato tranquilo de juego… Seguir leyendo
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Agregado en 23 October 2008

- Hay que establecer ritmos fijos a lo largo del día: desayuno, comida, paseo, baño… Cuanto menos se alteren, mejor.
- La cuna es para dormir. Si está despierto, les mejor que no permanezca en ella.
- Durante el día necesita que juguemos con él, mimos y mucha atención. La siesta es imprescindible (no muy larga). Hacia los tres años se puede suprimir.
- No lo alimentemos en su cuarto, porque relacionará comida y sueño, y son procesos que deben estar diferenciados. No dormirá mejor si cena más ni tampoco si lo cansamos más durante el día.
- Entre las ocho y las nueve es la mejor hora para que se vaya a dormir.
¿Está cómodo?: pañal limpio, pijama adecuado, temperatura agradable… Y, por supuesto, silencio y oscuridad.
Agregado en 23 October 2008

Hay que afianzar el ritual y habituarlo a dormirse solo. Si permanecemos en su cuarto hasta que caiga rendido, se convertirá en una costumbre. Los adultos leemos un rato antes de dormir, oímos la radio, escuchamos música y, si un día no hacemos lo habitual, nos cuesta conciliar el sueño.
Los niños no son distintos. Si acostumbramos al bebé a dormirse en brazos o a balancear su cuna hasta que caiga rendido, exigirá que cada noche sea exactamente igual.
¿Qué hacer, entonces? Consolidar el ritual de buenas noches: darle su osito, cantarle una canción… Y después de despedirse de él, dejarlo en su cunita y salir de su cuarto para que se duerma solo.
Agregado en 23 October 2008

Dormir es una necesidad fisiológica de la que no podemos prescindir, pero hay que seguir algunas pautas determinadas y de manera regular para que el organismo se rinda sin dificultades a ella. ¿Misión imposible?
Tomar el sueño es como tomar el tren: hay que preparar con anticipación el equipaje, comprar los boletos… y llegar a tiempo a la estación. Si el vagón se nos escapa, de nada habrá servido tanto preparativo.
Disponerse a dormir es algo parecido: realizar el ritual previo, ponerse el pijama. .. y meternos en la cama antes de que el sueño pase de largo; es decir, cuando el cerebro avise que ha llegado la hora D.
Cuando llega ese momento, cada chiquito tiene una particular manera de expresarlo, incluso los bebés. Si en sus horarios ya existe cierta rutina, ese SOS tan evidente (se frota los ojos, lloriquea…) lo emitirá más o menos a la misma hora. Así que antes de que lleguen estos momentos, el ritual (el equipaje), los boletos (el pijama y el pañal limpito) y el tren (su cunita) ya deben estar listos para recibir a tan somnoliento viajero.
Agregado en 23 October 2008

Es muy probable que los malos hábitos de sueño de su hijo estén directamente relacionados con ese sindormir. Todo el mundo necesita dormir para recuperar fuerzas y empezar con éstas renovadas el nuevo día: con mayor razón los chicos, que se encuentran en pleno desarrollo y derrochan tanta energía.
Inculcarles buenos hábitos a la hora de dormir y desde que son chiquititos es tan vital como enseñarles a comer un poco de todo y todos los días.
Si un niño no sabe dormir correctamente antes de los cinco años, las probabilidades de que descansar bien continúe siendo una odisea en la edad adulta son muchas.
Agregado en 23 October 2008
Y a los chicos, pobrecitos, tampoco les toca la mejor parte: al día siguiente, dicen sus papás, “No hay quien los aguante”. Y no exageran nada: cuando un chiquito no ha dormido todo lo que su organismo le reclama, se muestra irritable, enseguida se cansa de jugar, protesta por cualquier cosa, no se concentra en lo que hace, quiere hacer todo y de todo se aburre, y hasta tiene menos apetito que de costumbre.
Si las razones de su mal dormir no tienen nada que ver con que esté enfermo (o incubando alguna enfermedad) o con que haya surgido algún cambio en su entorno, habrá que pensar si no está reclamando que papá y mamá le dediquen mayor atención durante el día.
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Agregado en 23 October 2008

Hay chicos que duermen como angelitos desde bebés, pero con otros eso es casi misión imposible. Algunos se niegan a cerrar los ojos si papá o mamá no se comportan como sus ángeles de la guarda mientras los toman de la manito o les cantan todo el repertorio de canciones entre bostezos y suspiros. Así que los padres pasan muchas noches de ángel a angelito (”¿Por qué te callas, papi?”); y una vez sí y otra también terminan durmiéndose una siestita a su lado.
Otros reclaman a media noche el chupete, un vaso de agua, su osito… Y sus papis se especializan en salir despedidos de la cama como por un resorte, esquivar obstáculos a media luz y atrapar de nuevo el sueño por los pelos y a velocidad récord.
Y no faltan tampoco los intrépidos que agarran su mascota y, como quien no quiere la cosa, se pasan a la cama de sus papas. A los padres de estos chiquitos sólo les quedan dos opciones: devolver de inmediato al intruso a su nido o seguir durmiendo y, hacerle un huequito al visitante.
Pasar las noches sin dormir y los días con sueño (y no precisamente por dedicarse a leer los últimos best sellers) no hace que los padres se vuelvan locos, desde luego, pero sí que al día siguiente anden por el mundo absolutamente despistados.
Si un chico no duerme bien, los padres tampoco. Y si las malas noches se van sumando, ya no es que los papas no sepan por la mañana ni como se llaman, es que, sencillamente, se encuentran agotados.
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Agregado en 20 October 2008

“Nuestro hijo, de casi un año, tiene una manía que nos preocupa: antes de dormirse, cambia constantemente de postura, girando de un lado al otro. ¿Le ocurre algo raro?”
No, en absoluto. La mitad de los chicos de esta edad realizan algún movimiento antes de dormirse. Algunos giran la cabeza de un lado a otro, otros mueven todo el cuerpo. A esta conclusión llegó un grupo de investigadores del sueño humano tras observar a miles de chicos de todas las edades.
Se supone que un niño vive a diario tantas experiencias nuevas que no puede conciliar el sueño al instante. Antes tiene que librarse de sus tensiones internas. Lo logra gracias a estos movimientos rítmicos. Habrás observado que, al cabo de estos constantes cambios de postura, tu hijo duerme relajadamente.
Por si temes por su seguridad física, reviste la cuna con protectores. Los chicos suelen abandonar este hábito entre los dos y los cinco años.
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Agregado en 28 August 2008

El recién nacido duerme unas 16 horas diarias, pero, claro está, no ininterrumpidas. En esta primera fase, que se prolonga hasta los tres meses, sus despertares y sueños están relacionados muy directamente con sus tomas.
Es decir, la alimentación del bebé hace que los períodos de sueño se sucedan aproximadamente cada tres horas: se despiertan cuando tienen hambre y permanecen así alrededor de una hora en la que se dedican, sobre todo, a mamar.
Poco a poco este tiempo se va incrementando, hasta que cumplen los tres meses y pueden permanecer hasta tres o cuatro horas despiertos después de comer.
En esta primera etapa no nos queda más remedio que tener paciencia: lo máximo que suele dormir un bebé de forma ininterrumpida son cinco horas por las noches. Sin embargo, también es cierto que los despertares suelen ser breves.
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Agregado en 28 August 2008

Podemos influir en el sueño de nuestro hijo actuando durante el presueño. Sólo hay que practicar el mismo ritual antes de que se duerma, uno que hayamos puesto en marcha desde su nacimiento.
Cantarle canciones de cuna o utilizar un tono de voz distendido cuando llega la hora de dormir puede ayudar a tranquilizarlo y relajarlo, es decir, a prepararlo para tener dulces sueños.
Sin embargo, es muy importante que papá y mamá sean conscientes de que su labor es facilitar que él solo concilie el sueño, no dormirlo.
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