
Un recién nacido no es capaz de darse vuelta sin ayuda y ponerse boca abajo cuando está boca arriba. Sin embargo, cuando está en su elemento natural, el agua, el bebé nos demuestra que no es tan pasivo y estático sino que puede hacer muchas cosas con su cuerpo. Casi sin esfuerzo, es capaz de girar y darse vuelta en cualquier sentido. Como no tiene que vencer la fuerza de la gravedad, dispone de toda su energía.
Los beneficios del agua. Según un estudio, los niños que habían pasado mucho tiempo en el agua siendo bebés, más tarde resultaban ser más atentos, despiertos e independientes que los que no lo habían hecho.
También se demostró que estos niños podían concentrarse mejor y tenían un mayor desarrollo corporal que los niños de la misma edad que apenas conocían el agua para lavarse.
Un famoso profesor de gimnasia que lleva muchos años experimentando con niños en el agua, hoy instruye a las madres para que dejen a sus hijos sumergirse tranquilamente. No se trata de ejercicios exhaustivos ni de métodos especiales que pretendan conseguir determinados resultados. Por el contrario, lo único que se persigue es que los bebés chapotean y jueguen libremente en el agua.
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