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A mi hijo le cuesta mucho perdonar

Pregunta: Me molesta que mi hijo, de seis años, sea tan rencorosa Cuando discute con sus hermanos o con algún compañero de clase, pueden pasar semanas hasta que decide hacer las paces. ¿Es normal esa actitud?

A esta edad, los chicos ya pueden ponerse en el lugar de los demás y, por lo tanto, tienen que ser capaces de perdonar cuando alguien les hace daño (también deben poder disculparse si el mal lo infligen ellos). Si a un niño le cuesta pedir perdón, conviene que los padres lo ayuden. Imaginemos que el chico llega del colegio diciendo que su mejor amigo lo ha insultada Está muy enojado y no piensa perdonarlo “jamás”. ¿Qué podemos hacer?

• Primero, animarlo a expresar su malestar “Es normal que te enojes. A nadie le gusta que lo insulten…”

• Podemos preguntarle qué piensa hacer. Muchos chicos creen que no pueden perdonar hasta que la persona en cuestión reciba su merecido. Si el pequeño quiere vengarse, le haremos ver que esa no es la solución, que tomar represalias sólo sirve para alargar la disputa. “Sé que estás enojado con éL Pero, ¿te sentirás mejor insultándolo también? ¿Y qué piensas que haría él entonces?…”

• Conviene analizar juntos las posibles causas por las que su amigo actuó de ese modo. “¿Por qué crees que te insultó? ¿Estaba muy enojado?…”. Si el chico encuentra una explicación, le será más fácil entender la reacción de su compañero y perdonarlo.

• Después de los pasos anteriores, es posible que el chico esté listo para olvidar su resentimiento y reanudar su amistad. No hay que forzarlo. En último término, la decisión de perdonar no le corresponde exclusivamente a él.

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Juegos movidos, arre caballito y otros

A los bebés les gustan mucho los juegos “movidos” y todo lo que significa mecerse, dar vueltas, subir y bajar… El balanceo suave los tranquiliza; los giros y movimientos rápidos los excitan y divierten (a menudo provocan en ellos grandes carcajadas). Estos juegos no son malos; al revés, resultan muy recomendables.

Al pequeño, le agradan y le sirven para estrechar el vínculo entre él y sus papas. Por si fuera poco, estimulan el desarrollo de su sentido del equilibrio y, por extensión, de su motricidad. Y es que el órgano del equilibrio, que se encuentra situado en el oído, interviene en el aprendizaje de la marcha: cuanto mejor se haya desarrollado, mayor será la soltura del chico para desplazarse sobre dos piernas. Por lo general, los padres fomentan este tipo de juegos en forma espontánea.

Es muy positivo, pero conviene tomar precauciones:

- Los juegos se deben adaptar a la edad del bebé. En los primeros meses se limitarán a vaivenes suavecitos. Mientras no pueda sostener la cabeza ni mantenerse erguido, hay que ser prudentes y cuidadosos.
- No conviene realizar actividades excitantes al final del día. De lo contrario, le será difícil conciliar el sueño.
- No lo forcemos a girar por el aire ni hamacarse si no lo desea (si nunca quiere, tenemos que informar de eso al pediatra).
- Por más que lo entusiasmen, no hay que excederse con estos juegos. Evitemos los movimientos bruscos e interrumpamos la actividad ante cualquier señal de disgusto.
- Nunca debemos soltarlo en el aire (se puede asustar y, lo que es peor, dañarse gravemente).
- Para hacerlo “volar” (sólo si el bebé es mayorcito), lo tomaremos del tronco, y nunca de las extremidades, ya que podríamos lastimar.

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Acuerdos entre padres divorciados para con los hijos

Para que los padres puedan velar coherentemente por los intereses de sus hijos y el contacto entre éstos y el padre (o madre) ausente transcurra de forma correcta y poco traumática, no queda más remedio que los ex esposos se vean y hablen.

Sin duda son momentos difíciles, sobre todo al principio, cuando las heridas están aún abiertas. Para que no vuelvan a sangrar, antes de cada encuentro conviene recordar las principales normas de convivencia entre padres divorciados.

Un plan de visitas fijo, determinado por el juez o acordado por los padres, constituye uno de los pilares en la vida del chico después del divorcio, que le servirá para orientarse ante la nueva situación. Ni la madre ni el padre deberían incumplir este acuerdo sin una razón grave.

El padre que aparece por sorpresa “pasaba por aquí y quería ver cómo estaba mi hijo” ciertamente puede dar una alegría al niño, pero también distorsionar el ritmo diario establecido. Tampoco es correcto que la madre telefonee a su ex marido para decirle que hoy no le viene bien que vea al chico.

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Divorcio: No agredirse frente al niño

Criticar al otro resulta nefasto, ya que los chicos se identifican con sus padres y necesitan sentirse orgullosos de ellos. La alternativa: “Papá (o mamá) y yo ya no nos amamos, pero eso no tiene nada que ver con ustedes. Ambos seguimos queriéndolos”.

Decirle al chiquito que su padre ha muerto y que no quiso saber nada de él, le roba parte de su identidad, ya que ni siquiera le queda la posibilidad de fantasear una figura paterna. La alternativa: “Papá se fue a vivir lejos. Me gustaba mucho su sonrisa”. No es lo mismo a decir “A tu mamá (o papá) le da lo mismo cómo estás”.

Sugerir un abandono emocional mina la autoestima del niño: “¿Acaso no le intereso?”. La alternativa:”Quizá tu mamá (o papá) tenga mucho trabajo ahora; pronto podrá dedicarte más tiempo’.”‘Tu papá nos abandonó”. Aunque sea verdad, una afirmación asi provoca en el chico temor a ser abandonado también por la mamá. La alternativa:”El amor entre madre e hijo no termina. Nosotros dos somos una familia y nunca nos vamos a separar”.

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Papás divorciados, reglas con los hijos

Por el bien de los hijos, las parejas separadas deben esforzarse en mantener una relación respetuosa y educada.

Cuando el amor se rompe irremediablemente y la única solución es el divorcio, lo más seguro es que los implicados estén tan cansados el uno del otro que deseen no verse nunca más.

Pero, cuando hay hijos de por medio, esto no es posible. Aunque el hombre y la mujer dejen de ser pareja, no pueden dejar de ser padres; y los chicos los necesitan a ambos.

En la mayoría de los casos, los hijos viven con la madre y visitan regularmente al padre, aunque en algunas ocasiones sucede lo contrario, sobre todo cuando se trata de chicos más grandes o adolescentes.

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La rutina es buena para los hijos de padres divorciados

Después del divorcio de los padres, es extremadamente importante que la vida de los hijos entre en cauces más tranquilos. Por eso, las costumbres fijas son imprescindibles.

Como diría el principito de Saint-Exupéry en forma moderna: “Si papá viene los viernes, comenzaré a ser feliz desde el jueves. Pero, si viene cualquier día, nunca sabré cuándo preparar mi corazón. Los ritos son importantes”.

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El reparto de los hijos luego del divorcio

¿Qué parte es la mejor? Cuando los hijos viven con la madre, ésta tiene con frecuencia la impresión de que al padre le ha tocado la parte agradable (fines de semanas y vacaciones, visitas al cine, excursiones, juegos y diversiones) mientras que ella debe bregar con los mil y un inconvenientes de la vida cotidiana.

Dentro de lo posible, también el padre que no convive con su hijo o su hija debería asumir responsabilidades como llevarlo al médico, hablar con la maestra, comprarle zapatos o ir a buscarlo a la clase de yudo.

De ese modo, las cargas se reparten y el chico comprende que, a pesar de vivir separados, ambos padres siguen preocupándose por sus cosas.

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Peleas fuertes entre papás divorciados

Con los niños no se debe chantajear. Uno de los pecados más graves consiste en utilizar al niño como arma arrojadiza: “Si te vuelvo a ver con ése, te saco al nene” Para cualquier chico significa una enorme ofensa no ser tratado como persona, sino como una simple pelota en el juego de pim-pón de sus padres.

Cuando no sólo el padre custodio sino también el ausente está sinceramente interesado en la educación, surgen con frecuencia cuestiones sobre las que hay que ponerse de acuerdo. Siempre que sea posible y la distancia no lo impida (por ejemplo, si los progenitores viven en ciudades distintas), la ex pareja debería acordar encuentros regulares sin los hijos.

Conviene que estas reuniones no tengan lugar en la anterior vivienda en común, sino en un lugar neutral, como un restaurante o un bar. No siempre tendrán que hablar de algo tan decisivo como la elección del colegio, a veces, sólo se tratará de la normal evolución del chico. Cada padre informará al otro sobre lo que piensa acerca del comportamiento, los logros, deseos y temores del pequeño (¡sin acusar al otro de no educarlo bien!).

De esta forma también el padre que no convive con el niño podrá tomar parte en su crianza. Trátese de los deberes, las costumbres televisivas o las pequeñas enfermedades del hijo, cuanto mejor esté informado, mucho más se interesará por su vida y su bienestar.

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Discusiones comunes entre divorciados con hijos

Para evitar las discusiones, algunas parejas divorciadas utilizan la táctica de hablar lo menos posible. Pero no es cuestión de entregar al chico en la puerta de la casa o utilizar a terceros para que lo lleven a ver a su padre.

Unas cuantas palabras y el necesario intercambio de información son lo mínimo a lo que ambos padres deberían obligarse. Incluso cuando los ánimos están revueltos, hay que tratar de comunicarse objetivamente. En vez de gritarle al ex: “¡No empieces de nuevo!”, conviene comunicarse de forma más suave: “Entiendo que tengas otra opinión, pero a mí me parece que es pronto para que nuestra hija duerma en tu casa. Todavía la veo bastante desubicada”.

Al mismo tiempo habrá que insinuar que no falta buena voluntad: “No te preocupes, cuando ella quiera quedarse, yo no me voy a oponer”.

Claro que algunos temas no permiten una dilación indefinida. Cuando se trata de asuntos de la guardería, la escuela o la educación en general, los padres deben ponerse de acuerdo con cierta rapidez. A lo sumo podrían darse una semana de reflexión: “Vamos a pensarlo más despacio, quizá lleguemos a un acuerdo que nos satisfaga a todos”.

En cada encuentro entre madre, padre e hijo (o hijos) acecha el peligro de recalentar las viejas historias que condujeron a la separación. Toda la amalgama de desilusión, ira y rencor que queda en los corazones quiere irrumpir de nuevo. Pero ambas partes deberían tener claro que no se hallan en calidad de pareja, sino como progenitores de hijos en común. Ya no importa el tema de su convivencia malograda, lo único que cuenta es el bienestar de los chicos.

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Mi hijo no quiere dormir sólo

Tiene que aprender a separarse de papá y mamá (no nos vamos a la guerra) y hay que hacerle ver que dormir es un acto placentero, no un castigo.

La rutina sigue siendo primordial: acostarse a la misma hora (incluso durante los fines de semana y más temprano cuando empiece la guardería o el cole); mantener un horario regular en sus comidas, salidas a la plaza, baño…

Las secuencias de actividades que se producen en el mismo orden y a la misma hora le dan seguridad y, en cierta manera, le proporcionan también una noción del tiempo: día y noche; cuidados y juego; vigilia y sueño… Los juegos, los estímulos, la afectividad… siguen siendo muy importantes.

Ya no es un bebé, pero necesita, y mucho, que sus padres le demuestren que lo quieren. Ese rato de complicidad junto a su cama aún es necesario (incluso los adolescentes lo agradecen).

Cuando es chiquito, cantarle una canción, leerle un cuento, charlar de lo que ha hecho durante la jornada. .. le enseña a despedir el día, y hay que hacerlo con alegría y seguridad. Dormir es un placer, no un castigo; y para transmitirle ese mensaje nada mejor que ese ratito de intimidad.

El pequeño lo vive como un regalo muy especial: papá o mamá están para él solito, y para nadie más. Podemos dejar la puerta de su habitación entornada si prefiere que entre algo de luz.

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