Agregado en 26 marzo 2011
Pregunta: Hace un tiempo, mi hijo, de cinco años, llegó del colegio diciendo que había visto un tigre en el recreo. No es la primera vez que inventa algo así. Su papá cree que no debo preocuparme y que son fantasías propias de su edad. ¿Es cierto?
La edad de cinco a seis años sigue siendo una edad mágica, en la que persiste un cierto grado de fantasía que es perfectamente normal. No puede hablarse de mentiras, ya que éstas requieren una cierta alevosía, una intención consciente de engañar, y eso no se da en niños pequeños.
La cuestión es cómo reaccionar ante sus fantasías. De entrada, nunca hay que ponerlos en ridículo ni tratarlos de mentirosos. Si las fábulas son esporádicas, podemos tomarlas como un juego más y actuar en consecuencia, es decir, con tolerancia y complicidad. Podríamos responderle: “¿Así que viste un tigre, eh? ¿Y que hiciste? ¿Te acercaste a él..?”, etc. Por supuesto, el chico debe ser consciente de esa complicidad.
Podemos alimentar su fantasía, sin excedernos. El tiene que darse cuenta de que le estamos siguiendo el juego y de que no es más que eso (debe quedarle muy claro que se trata de una invención).
Si el pequeño fuera un fantaseador crónico, habría que analizar por qué necesita tanto recurrir a la imaginación, si existe algo en el mundo real que le resulta desagradable y que lo lleva a refugiarse en el mundo de la fantasía.
Agregado en hijos
Agregado en 23 octubre 2008
Tags: mentira

En cualquier caso conviene no mostrarse excesivamente inquisitivos ni exigentes. Si establecemos para nuestros hijos demasiadas normas de conducta rígidas e inviolables y, además, les exigimos una transparencia y sinceridad absolutas, estaremos sembrando (aunque pretendamos lo contrario) la semilla del ocultamiento.
Incapaces de satisfacernos, empezarán a echar mano de ciertas “mentiras piadosas” para no herimos o decepcionamos, para no perder nuestro amor o para evitar nuestra censura. Y hasta éstas pueden convertirse en un hábito.
Tampoco se trata, por supuesto, de aprobar ni alegrarnos de sus mentiras. Debemos mostrar nuestro desacuerdo, pero también preguntarnos qué puede haber detrás de ellas. ¿Quizá nuestro hijo no se siente a la altura de lo que exigimos de él? ¿No confía en nuestro cariño incondicional? ¿Le estamos dando un mal ejemplo con nuestra propia falta de sinceridad?
No será acosándolo a preguntas como hallaremos la verdad, sino reflexionando y creando un clima de tranquilidad y confianza que le permita abrirse ante nosotros y contamos lo que realmente siente y piensa.
Agregado en Niños
Agregado en 23 octubre 2008
Tags: mentira, Niños

Si una de estas mentiras se da sólo de vez en cuando, está dentro de lo normal. Bastará con decirle claramente a nuestro hijo que no aprobamos las mentiras, que pueden disminuir nuestra confianza en él y, en el caso del ejemplo anterior, que su hermano no tiene que cargar con la responsabilidad de algo que hizo él.
Si estos episodios se repiten, tendremos que plantearnos qué ocurre. Muchas de estas mentiras las produce el miedo. Miedo al castigo, miedo a defraudarnos.
Cuanto más severos y autoritarios seamos, más fácil es que nuestros hijos recurran a la mentira. En algunos hogares no puede derramarse un vaso sobre un mantel sin que haya que buscar a un culpable a quien reprender. Es difícil exigir sinceridad u honradez a un chico que crece con el temor permanente a la desaprobación o el castigo.
A veces, nosotros mismos podemos no ser conscientes de qué actitud nuestra provocó el temor del chico (un bofetón, un castigo exagerado). Es importante que intentemos descubrir la imagen que nuestros hijos tienen de nosotros y tratemos de establecer con ellos una relación basada en la confianza. Seguir leyendo
Agregado en Niños
Agregado en 20 octubre 2008
Tags: hijos

Así que no desdeñemos la parte positiva de las supuestas mentiras de los chicos de esta edad. Una edad, además, en la que la fantasía (esa posibilidad tan valiosa) y el pensamiento mágico todavía son muy importantes, y el sentido de lo que es y no es real todavía no está del todo consolidado.
Si un chico se encuentra en la etapa de creer que la luna es (de verdad, no figuradamente) una cara redonda o que los pájaros hablan, no debe extrañarnos demasiado que un día le dé por decir que un pájaro le contó algo al oído o que es amigo del mismísimo Mickey Mouse.
Por lo tanto, haríamos mal en calificar de mentiras algunas fantasías de los pequeños de esta edad, y mucho peor en ponerlos en ridículo o llamarlos mentirosos. Pero una cierta tolerancia, o incluso una relativa complicidad, tampoco implica hacerles creer que nosotros mismos nos engañamos.
Si le decimos. “Mira, ese pájaro que se ha posado en la ventana debe de ser tu amigo”, nuestro tono debe indicar que, tanto él como nosotros, sabemos que en realidad se trata de un juego. Podemos respetar y hasta alimentar la fantasía infantil pero no fomentarla en exceso ni hacerle sentir que se le va de las manos, ya que entonces podríamos entorpecer o retrasar el necesario acceso al mundo de lo real. Seguir leyendo
Agregado en Niños
Agregado en 20 octubre 2008
Tags: Padres

• El ejemplo es importante: todos mentimos alguna vez, pero si el fingimiento es moneda corriente de nuestras relaciones, los chicos nos imitarán.
• No lo llamemos “mentiroso”: si le aplicamos esta etiqueta, es posible que actúe de acuerdo con ella en lugar de corregirse.
Agregado en 20 octubre 2008
Tags: Niños

Cuando un niño pequeño miente está dando una importante muestra de progreso intelectual. Esta afirmación puede resultar chocante para la mayoría de los padres pero enseguida explicaremos por qué lo decimos.
Deformar la realidad
La palabra “mentir” no es muy adecuada si se aplica a estas edades. La mentira propiamente dicha requiere una cierta alevosía, una intención consciente de engañar y confundir al otro, y eso está ausente en chicos tan pequeños.
Digamos que a veces ellos deforman la realidad. Después de todo es lo mismo que hacen cuando juegan a los bomberos o a los papas: simulan algo que, a fin de cuentas, no es real. Separar la realidad de la representación de la realidad es un logro mental decisivo para una evolución intelectual posterior.
Además, ciertas mentiras juegan un importante papel exploratorio. Los chicos comprueban mediante ellas que tienen un mundo interno diferente del de las demás personas, una intimidad que, si lo desean, pueden preservar.
Constatan que su mente les pertenece y que pueden compartir o no sus contenidos según su voluntad. Este carácter meramente exploratorio se revela muchas veces en que después de uno de estos engaños exclaman: “No, no era verdad. Te engañe”.