
A los más chiquitos les cuesta mucho verbalizar sus experiencias y sentimientos. Es cierto que entre los dos y tres años se observan grandes progresos en el desarrollo del habla y que algunos se manejan con bastante soltura. No obstante, no dominan el lenguaje y, en general, tienen dificultades para expresarse con claridad.
Contar requiere aprendizaje y práctica. Un buen ejercicio es enseñarle dibujos o fotos y animarlos a describir lo que ven, a decir qué les gusta más o qué llama su atención, a inventar historias…
El hábito de contar se fomenta con el ejemplo: si el niño está acostumbrado a que sus padres le cuenten lo que hacen cuando no están juntos, es más fácil que él haga lo mismo al volver del jardín.
A un niño pequeño no se le pueden hacer preguntas generales del tipo: “¿Qué hiciste hoy”. Es preferible plantearle cuestiones concretas: “¿Qué pintaste? ¿Una casa, un árbol, un sol…?”. Seguir leyendo



