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Mi hijo no me cuenta nada de lo que hace en el jardín


A los más chiquitos les cuesta mucho verbalizar sus experiencias y sentimientos. Es cierto que entre los dos y tres años se observan grandes progresos en el desarrollo del habla y que algunos se manejan con bastante soltura. No obstante, no dominan el lenguaje y, en general, tienen dificultades para expresarse con claridad.

Contar requiere aprendizaje y práctica. Un buen ejercicio es enseñarle dibujos o fotos y animarlos a describir lo que ven, a decir qué les gusta más o qué llama su atención, a inventar historias…

El hábito de contar se fomenta con el ejemplo: si el niño está acostumbrado a que sus padres le cuenten lo que hacen cuando no están juntos, es más fácil que él haga lo mismo al volver del jardín.

A un niño pequeño no se le pueden hacer preguntas generales del tipo: “¿Qué hiciste hoy”. Es preferible plantearle cuestiones concretas: “¿Qué pintaste? ¿Una casa, un árbol, un sol…?”. Seguir leyendo

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Mi hijo dice palabrotas, qué hago?


“Desde que mi hijo, de cuatro años va al jardín, ha aprendido un montón de palabrotas. Cada día me sorprende con una diferente. ¿Debo ignorarlas?”

Los chicos que empiezan a ir al jardin suelen sentirse fascinados por los términos desconocidos que oyen a diario y que ellos captan al vuelo. No importa que desconozcan el significado real de lo que dicen; lo que de verdad les gusta es comprobar el efecto que esas expresiones altisonantes o “prohibidas” provocan en los adultos, motivo por el que se apresuran a repetirlas en cuanto llegan a casa.

Lo mejor es no conceder demasiada importancia a su nuevo vocabulario. Si continúas mostrando indiferencia, es muy probable que tu hijo pierda pronto el interés por las palabrotas; mientras que, si percibe en ti una reacción desmesurada, ya sea de enojo o de sorpresa, puedes conseguir justamente lo contrario.

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Cómo elegir un Jardín de infantes, cuál elegir


1. Clases amplias con luz natural y buena ventilación, con sanitarios adaptados a la edad y zonas de recreo.
2. Un sala para cada grupo.
3. Un educador o maestro por grupo, más otros educadores de apoyo.
4. No más de 25 alumnos por aula y educador.
5. Existencia de un equipo psicopedagógico.
6. Patio exterior y privado.
7. Dieta adecuada.
8. Horarios amplios.
9. Cauces convenientes de relación familia/escuela.
10. Proyecto educativo acorde con el criterio de formación de ios padres.

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Dónde puedo buscar información de los jardines de infantes


Por lo general, los padres pueden acercarse a los jardines estatales o privados y averiguar lo que sea necesario. Si desean información adicional sobre otras instituciones en la zona, se pueden dirigir a los Consejos Escolares o a las Secretarias de Inspección o Supervisión de la modalidad educativa.

Si el niño presenta algún tipo de discapacidad, es preciso dirigirse previamente al equipo orientador o a la Supervisión de Educación Especial para conversar acerca de la modalidad educativa y la institución más adecuada para su desarrollo.

En cuanto a si los niños deben empezar el cole ahora o a los 4-5 años, cuando sea obligatorio, cada familia resolverá lo más conveniente. Es cierto que los que pasan previamente por una escuela infantil tienen un alto grado de madurez, de destrezas y una base adecuada de frente a los aprendizajes posteriores, puesto que han trabajado mucho la prelectura, la preescritura y la prematemática.

No hay ninguna razón que desaconseje la escolarización en esta etapa y sí muchas, y de peso, que recomiendan dicha incorporación.

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Qué se enseña en el Jardín


Como es lógico, las enseñanzas no pueden estar estructuradas en disciplinas como lo están en otras etapas educativas. Para chicos tan pequeños los contenidos no se agrupan en asignaturas, sino en áreas o ámbitos de experiencias significativos para ellos.

La primera área es identidad y autonomía personal. Hace hincapié en el conocimiento del cuerpo y de sus posibilidades y limitaciones, en la confianza en uno mismo, la autoestima y el desarrollo de hábitos de autonomía personal.

La segunda área, medio físico y social, tiene en cuenta la relación del niño con otros niños, con los adultos, con el espacio, con los materiales, con la naturaleza, anímales… y todo lo referente a la manipulación, observación y experimentación.

En la tercera, Comunicación y Lenguaje, se aborda lo concerniente a la comunicación y la expresión en todas sus facetas: oral, escrita, plástica, gestual, corporal, musícal, matemática…
Es preciso partir de una premisa: todo se aprende a través del juego. Olvidémonos de pupitres, bancos, mesas, encerado… El aula infantil debe ser un espacio en movimiento, ágil, alegre, donde quepan todo tipo de relaciones, de experimentaciones, de curiosidades.

Las actividades cotidianas también se vuelven educativas: en la comida, no sólo se está aprendiendo a comer de todo, sino también a colaborar (poner la mesa), a relacionarse (conversar con los compañeros), a ajustarse a unas normas (hay que permanecer sentado, utilizar los cubiertos…), etcétera.

Los padres deben desconfiar de esos centros que no permiten el acceso a los espacios donde los niños pasan la jornada escolar. La escuela debe estar abierta en su sentido más amplio: los papas podrán llevar a sus hijos hasta dentro del aula, entrar en el momento de la salida e intercambiar información constante con los docentes.

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