El reparto de los hijos luego del divorcio







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El reparto de los hijos luego del divorcio


¿Qué parte es la mejor? Cuando los hijos viven con la madre, ésta tiene con frecuencia la impresión de que al padre le ha tocado la parte agradable (fines de semanas y vacaciones, visitas al cine, excursiones, juegos y diversiones) mientras que ella debe bregar con los mil y un inconvenientes de la vida cotidiana.

Dentro de lo posible, también el padre que no convive con su hijo o su hija debería asumir responsabilidades como llevarlo al médico, hablar con la maestra, comprarle zapatos o ir a buscarlo a la clase de yudo.

De ese modo, las cargas se reparten y el chico comprende que, a pesar de vivir separados, ambos padres siguen preocupándose por sus cosas.

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Mi hijo no quiere dormir sólo


Tiene que aprender a separarse de papá y mamá (no nos vamos a la guerra) y hay que hacerle ver que dormir es un acto placentero, no un castigo.

La rutina sigue siendo primordial: acostarse a la misma hora (incluso durante los fines de semana y más temprano cuando empiece la guardería o el cole); mantener un horario regular en sus comidas, salidas a la plaza, baño…

Las secuencias de actividades que se producen en el mismo orden y a la misma hora le dan seguridad y, en cierta manera, le proporcionan también una noción del tiempo: día y noche; cuidados y juego; vigilia y sueño… Los juegos, los estímulos, la afectividad… siguen siendo muy importantes.

Ya no es un bebé, pero necesita, y mucho, que sus padres le demuestren que lo quieren. Ese rato de complicidad junto a su cama aún es necesario (incluso los adolescentes lo agradecen).

Cuando es chiquito, cantarle una canción, leerle un cuento, charlar de lo que ha hecho durante la jornada. .. le enseña a despedir el día, y hay que hacerlo con alegría y seguridad. Dormir es un placer, no un castigo; y para transmitirle ese mensaje nada mejor que ese ratito de intimidad.

El pequeño lo vive como un regalo muy especial: papá o mamá están para él solito, y para nadie más. Podemos dejar la puerta de su habitación entornada si prefiere que entre algo de luz.

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Claves para hacer hablar a tu hijo


Para conocer más detalles sobre su jomada escolar podemos:

- Mirar y comentar juntos los dibujos que trae de la guardería.

- Jugar al colegio: él es el maestro, y nosotros, los alumnos. La escenificación nos dará algunos indinos de lo que hace en la institución.

- Pedir en la escuela que nos graben la música que escuchan en dase. Seguro que sabe la letra e induso la coreografía.

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Mi hijo no me cuenta nada de lo que hace en el jardín


A los más chiquitos les cuesta mucho verbalizar sus experiencias y sentimientos. Es cierto que entre los dos y tres años se observan grandes progresos en el desarrollo del habla y que algunos se manejan con bastante soltura. No obstante, no dominan el lenguaje y, en general, tienen dificultades para expresarse con claridad.

Contar requiere aprendizaje y práctica. Un buen ejercicio es enseñarle dibujos o fotos y animarlos a describir lo que ven, a decir qué les gusta más o qué llama su atención, a inventar historias…

El hábito de contar se fomenta con el ejemplo: si el niño está acostumbrado a que sus padres le cuenten lo que hacen cuando no están juntos, es más fácil que él haga lo mismo al volver del jardín.

A un niño pequeño no se le pueden hacer preguntas generales del tipo: “¿Qué hiciste hoy”. Es preferible plantearle cuestiones concretas: “¿Qué pintaste? ¿Una casa, un árbol, un sol…?”. Seguir leyendo

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Mi hijo miente o se cree las fantasías


Así que no desdeñemos la parte positiva de las supuestas mentiras de los chicos de esta edad. Una edad, además, en la que la fantasía (esa posibilidad tan valiosa) y el pensamiento mágico todavía son muy importantes, y el sentido de lo que es y no es real todavía no está del todo consolidado.

Si un chico se encuentra en la etapa de creer que la luna es (de verdad, no figuradamente) una cara redonda o que los pájaros hablan, no debe extrañarnos demasiado que un día le dé por decir que un pájaro le contó algo al oído o que es amigo del mismísimo Mickey Mouse.

Por lo tanto, haríamos mal en calificar de mentiras algunas fantasías de los pequeños de esta edad, y mucho peor en ponerlos en ridículo o llamarlos mentirosos. Pero una cierta tolerancia, o incluso una relativa complicidad, tampoco implica hacerles creer que nosotros mismos nos engañamos.

Si le decimos. “Mira, ese pájaro que se ha posado en la ventana debe de ser tu amigo”, nuestro tono debe indicar que, tanto él como nosotros, sabemos que en realidad se trata de un juego. Podemos respetar y hasta alimentar la fantasía infantil pero no fomentarla en exceso ni hacerle sentir que se le va de las manos, ya que entonces podríamos entorpecer o retrasar el necesario acceso al mundo de lo real. Seguir leyendo

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Mi hijo nos reclama como si fuera un bebé


En muchas ocasiones, lo que piden no es algo material, sino nuestra dedicación exclusiva, sin descanso. Todos los chicos necesitan la presencia de la madre, el padre o una persona de referencia; pero en ciertos casos aparece un exceso de apego.

“Me sigue por toda la casa y no me deja hacer nada, porque sólo quiere que lo alce en brazos, que juegue con él.., comenta la mamá de un nene de tres años. No hay forma de mantener una conversación a su lado; interrumpe constantemente, grita, llora, pretende que sólo hables con él.

Cuando el comportamiento es exagerado, se tiene que averiguar qué hay detrás de esa demanda de atención; si el chico tiene carencia de cariño, falta de apoyo o atraviesa alguna circunstancia especial o, por el contrario, intenta tenernos bajo su capricho. En este último caso, hay que corregir su comportamiento igual que cuando solicita incansable, regalos, golosinas o cualquier otro objeto.

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Aprender a decir no a los hijos


Nuestra actuación es esencial en estos primeros años en los que las conductas todavía no se han fijado. Los padres tienen la responsabilidad de saber cómo y cuándo actuar, para prevenir que este comportamiento se instaure y se refuerce en el chico.

El punto de partida es aprender a decir no cuando es justificado. Una norma básica es que, una vez que se ha negado algo, es necesario mantener la postura, para que el pequeño no vea una debilidad; necesita firmeza y mucho cariño.

Justo a la hora de la comida, se le antoja un helado gigante. El niño llora y patalea; la madre termina cediendo. ¿Qué aprende el niño? Que a fuerza de resistencia, siempre consigue lo que quiere.

Esto no implica que tengamos que ser inflexibles. Tan nocivo es decir que sí como no por sistema. Lo lógico es encontrar un equilibrio entre lo permitido y lo negado. En la medida de lo posible, hay que evitar que haya días, semanas o períodos en que a todo se le diga que no.

Se aconseja resistir con paciencia y mantener el no. Y, si se nos ablanda el corazón, cambiar el objeto deseado por algo que no sea material, nunca después de la rabieta. Se le puede decir: “Como te portaste bien, esta noche vas a jugar un rato más antes de acostarte”; “Vamos a preparar juntos una torta para mañana”; “Iremos al zoo este fin de semana”…

Hay que evitar a toda costa que los chicos recurran siempre a lo tangible; enseñarles a valorar otros aspectos, como juegos, salidas, actividades… Es más sano y no terminarán siendo eternos pedigüeños.

Paciencia, resistencia y sabiduría. Así se pueden resumir las claves de una buena educación para prevenir conductas que no toleran la frustración. El arma fundamental que tienen los padres es la argumentación, por supuesto, al nivel del chico. Siempre conviene explicarle por qué no podemos darle lo que pide.

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Son malos los refrescos? (jugos, gaseosas)


“Mi hijo, de cinco años, bebe a menudo jugos comerciales y refrescos de cola. ¿Qué aportan estas bebidas? ¿Son recomendables?”

Los refrescos, con gas o sin él, contienen principalmente azúcar, colorantes, saborizantes y pequeñas cantidades de jugos de frutas. Un vaso grande de cola carbonatada suministra 104 calorías, entre 30 y 50 mg de cafeína y aportes mínimos de sodio, fósforo, magnesio, potasio y calcio, 28 g de los que se preparan con polvos proporcionan 104 calorías, vitamina A, calcio, fósforo y 107 mg de vitamina C, el equivalente a 200 g de naranjas.

Puede tomar estos refrescos con moderación
, para no ingerir cantidades importantes de aditivos, pero son preferibles las bebidas que contienen jugo de fruta y garantizan cierto aporte de vitamina C.

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Cómo saber si mi hijo está engripado, si tiene gripe


Las infecciones virales que ocasionan gripe o resfríos son muy frecuentes durante los primeros años de la vida. Sin embargo, a medida que el pequeño las va padeciendo, adquiere anticuerpos contra muchas de ellas.

Hay más de mil virus capaces de producir estados gripales. Por este motivo, en los primeros seis años de vida, los chicos suelen presentar entre cinco y diez episodios gripales o resfríos por año.

Síntomas de la gripe

Por lo general, el primer síntoma suele ser el estornudo. Es común que, al escuchar que su hijo estornuda, las mamas comenten: “Ya se resfrió…”. A este primer síntoma, le siguen otros también relacionados con la vía aérea superior. El niño estornuda y, al poco tiempo, le empieza a chorrear la nariz: al principio con moco transparente que luego se hace más espeso y amarillento.

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Mi hijo tiene epispadia


Es una modificación de la abertura del pene. Una cantidad reducida de recién nacidos varones presenta una alteración en la ubicación de la abertura uretral del pene.

Cuando la salida se ubica en la parte superior del glande, se llama epispadia y el pene puede estar íncurvado hacia arriba. Si, por el contrario, la salida se sitúa por debajo del glande o, como sucede en casos más raros, en el cuerpo del pene casi llegando al escroto (bolsa que recubre los testículos), se trata de una hipospadia.

El pequeño no suele presentar problemas en el momento de eliminar la orina, Pero, de todos modos, cuando se descubre debe ser evaluado por el pediatra y luego por el urólogo infantil. Para prevenir o evitar futuras complicaciones, algunos casos requieren corrección a través de la cirugía.

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