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A mi hijo le cuesta mucho perdonar

Pregunta: Me molesta que mi hijo, de seis años, sea tan rencorosa Cuando discute con sus hermanos o con algún compañero de clase, pueden pasar semanas hasta que decide hacer las paces. ¿Es normal esa actitud?

A esta edad, los chicos ya pueden ponerse en el lugar de los demás y, por lo tanto, tienen que ser capaces de perdonar cuando alguien les hace daño (también deben poder disculparse si el mal lo infligen ellos). Si a un niño le cuesta pedir perdón, conviene que los padres lo ayuden. Imaginemos que el chico llega del colegio diciendo que su mejor amigo lo ha insultada Está muy enojado y no piensa perdonarlo “jamás”. ¿Qué podemos hacer?

• Primero, animarlo a expresar su malestar “Es normal que te enojes. A nadie le gusta que lo insulten…”

• Podemos preguntarle qué piensa hacer. Muchos chicos creen que no pueden perdonar hasta que la persona en cuestión reciba su merecido. Si el pequeño quiere vengarse, le haremos ver que esa no es la solución, que tomar represalias sólo sirve para alargar la disputa. “Sé que estás enojado con éL Pero, ¿te sentirás mejor insultándolo también? ¿Y qué piensas que haría él entonces?…”

• Conviene analizar juntos las posibles causas por las que su amigo actuó de ese modo. “¿Por qué crees que te insultó? ¿Estaba muy enojado?…”. Si el chico encuentra una explicación, le será más fácil entender la reacción de su compañero y perdonarlo.

• Después de los pasos anteriores, es posible que el chico esté listo para olvidar su resentimiento y reanudar su amistad. No hay que forzarlo. En último término, la decisión de perdonar no le corresponde exclusivamente a él.

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A qué edad empezar a decirle que ordene su cuarto

“Mis hijos, de cuatro y seis años, disfrutan desordenando la habitación y esparciendo sus juguetes por el piso, pero después no quieren ordenar. ¿Cómo puedo conseguir que sean más ordenados? ¿Soy demasiado exigente con ellos?”

Los hijos pueden y deben colaborar en las tareas domésticas cotidianas. Guardar los juguetes es algo para lo que están capacitados desde muy pequeños (ya a los dos años puede ayudar a meter las piezas del puzzle en su caja o reunir las construcciones diseminadas por la alfombra).

Si los habituamos desde chiquitos, cuando están ansiosos por colaborar, será fácil inculcarles el hábito. No debemos imponer el orden como un castigo; así lo único que conseguiremos es que asocien el orden con una tarea pesada y aburrida.

Lo ideal es que la tarea de ordenar se convierta en un juego. Podemos dividir las obligaciones entre padres e hijos, o entre hermanos, y jugar una carrera, a ver quién termina antes. O bien podemos poner música y animarlos a bailar mientras ubican cada cosa en su lugar.

También lo que funciona es proponer que cuenten en voz alta los juguetes que van guardando (“Uno, dos, tres… ¿hasta cuánto sabes contar?”). Hay muchas posibilidades; sólo es cuestión de un poco de imaginación.

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Evite comparar a su hijo, comparaciones innecesarias

“Cuando yo tenía tu edad.. .”"Tu primo ya sabe.. .”"Mira qué bien se porta esa nena.. .”A veces, con la intención de animar a nuestros hijos a mejorar, caemos en la tentación de ponerles de ejemplo a otros chicos.

Las comparaciones, sobre todo si son constantes, pueden ejercer el efecto contrario al deseado: lejos de alentar al chico a cambiar, suelen causar desánimo y empujarlo a tirar la toalla.

Especialmente desaconsejadas son las comparaciones entre hermanos, ya que favorecen las peleas entre ellos. Además, el chiquito que sale peor parado puede sentirse menos querido por los padres.

Para motivar a un niño a superarse, es mejor compararlo consigo mismo que con los demás. Fijémonos en los progresos que hace: “la semana pasada no sabías usar los cubiertos; hoy pudiste cortar el churrasco solo”. Felicitarlo por sus logros, por chiquitos que sean, así como por su esfuerzo, es siempre el mejor aliciente.

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Preguntas a una mamá primeriza (II)

A poco más de un año del parto, ¿cómo llevas tu maternidad?
Estupendamente. Creo que la he incorporado de manera tan natural como el embarazo. Y con mi hija disfruto cada momento en el que podemos estar juntas, porque el año pasado fue muy duro de trabajo y no he podido estar con ella todo lo que he querido. Es decir, que he tenido trabajos muy intensos, y es como que siempre me quedo con ganas de estar más tiempo a su lado.

¿Notas algún cambio en tu persona desde que llegó tu hija?
Mira, yo creo que te cambian cosas internas. No sé si yo he sentido un cambio muy brusco, pero siento que hay cosas que se han exacerbado; por ejemplo, mi sensibilidad hacia determinados temas como puede ser el de los niños. Uno tiene muy claro que ante un niño el egoísmo no existe en la madre. Por lo menos, eso es lo que me está pasando a mí. Que das, das y das y nunca te supone un sacrificio, como algunas veces nos lo hacían ver nuestras madres. Si este amor que a uno de repente le nace, esta sabiduría de la naturaleza, a uno no lo coloca en el equilibrio de lo que realmente tiene valor en la vida, creo que ya no te lo coloca nada ni nadie.

¿Qué valores te parecen fundamentales para transmitirle en su crecimiento?
El ser buena persona y no actuar nunca con maldad; el ser generosa; el pelear por sus sueños y por un mundo mejor, que es posible.

¿Te gustaría tener más hijos?

Sí, me gustaría que no quede como única hija. Es responsabilidad de los padres tener que decidir que un hijo tenga o no una relación de hermano, que es diferente a todas las demás relaciones de la vida. Y además, ¿quién es uno para decidir negarle ese privilegio y privarla de tener hermanos?

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Cuándo dejarlos solos en casa

No se puede forzar a los chicos a ser independientes antes de tiempo, ya que lograríamos el efecto contrario. No hay reglas fijas en cuanto a la edad adecuada para soltar las riendas. Evidentemente, cuando son pequeños (antes de los 6 años, aproximadamente), no debemos dejarlos solos en casa ni un instante.

Más adelante, se los podrá ir dejando según las circunstancias el carácter y la madurez de cada uno. Sí son varios hermanos, será más fácil que si se trata de un hijo único, ya que se cuidarán los unos a los otros. Empezar de a poco es lo más adecuado. Las primeras veces saliendo por un ratlto, a un lugar cercano y siempre de día. Cuando empecemos a hacer salidas algo más largas, será bueno telefonear para comprobar si todo va bien.

No hay que dejarlos solos si se oponen, ya que pueden pasarlo realmente mal. Es mejor esperar a que ellos mismos nos hagan ver que se sienten preparados para ello. Puede ayudar mucho el mostrarles lo orgullosos que nos sentimos de su valor e independencia. Y no abusemos: para un niño es nefasta la soledad.

A los más sensibles habrá que explicarles las medidas de seguridad de la casa (cerraduras, portero si lo hay, etcétera) y, desde luego, advertirles que no abran la puerta a desconocidos; también tranquilizados si tienen fantasías excesivas sobre ladrones u otras amenazas.

Esto último será más difícil si nosotros mismos somos unos exagerados que vemos el peligro y enemigos por todas partes. También es bueno que haya un vecino de confianza que quede avisado y al que puedan recurrir.

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Niños agresivos, cómo educarlos o tratarlos

“Mi nene de dos años y medio es muy agresivo. Vive pegándole a su hermana de dos meses (cuando llega a ella, por supuesto), pega en el Jardín y pega en cualquier lado donde lo llevo a Jugar. Sin que se Inicie ninguna pelea, a él se le antoja dar una patada o un cachetazo y lo hace.

Realmente me preocupa y, además de darme vergüenza frente a otras mamas, ya no se me ocurre qué límites ponerle. El pediatra dice que es su forma de demostrar que él no está de acuerdo con la llegada de su hermana y que, obviamente, se muestra terriblemente celoso.”

Faltan ciertos datos en lo que concierne a agresiones de tu hijo. Es decir, si las conductas que relatas se encontraban antes del nacimiento de la hermanita o sí su aparición fue posterior. Suponemos que lo que afirma el pediatra es lo correcto: ¿Cómo le hicieron esto de traer una hermana a casa? ¿Con qué derecho? ¿Por qué no lo consultaron a él? Si ustedes hubieran hecho todo esto, casi con seguridad él les hubiera dicho que, pensándolo bien, no tenía ganas de hermanos. De manera que los celos deben ser un componente clave del conflicto.

También es importante el momento evolutivo por el que él está transitando. A esta edad, los chicos se muestran bastante agresivos, querellantes y sobre todo posesivos.

Sus pertenencias van de los juguetes a los afectos. Su palabra preferida es mío. Si pensamos en todo esto, podemos inferir que en plena etapa compleja de su desarrollo a ustedes se les “ocurrió” sumarle “una complicación” más.

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Los hermanos mayores para el bebé

En la otra cara de la moneda están los hermanos menores, quienes se benefician enormemente de esta relación fraternal. Para los bebés, los hermanos mayores son una mente de estímulos inagotable, un modelo para imitar y, más adelante, serán personas a las que pedir ayuda, consejo o con quienes compartir experiencias.

La convivencia los volverá menos egoístas y podrán hacer causa común frente a la adversidad. Las reacciones de los bebés ante la actitud de sus hermanos mayores son entusiastas y expresivas. Se hamacan emocionados, dan saltitos, chillan excitados en su “no lenguaje”, sonríen…, en fin, se les cae literalmente la baba.

Además, tanto los chiquitos como los mayores saben que estando juntos la diversión está garantizada. Entre ellos no existen los límites y prohibiciones que rodean al adulto. Se pueden revolcar por el suelo y armar escándalo.

Sin embargo, los adultos deben ser precavidos y no bajar nunca la guardia. Los bebés confían en sus hermanos mayores y éstos pueden flaquear. Los brazos de un chico de seis años no son los de un adulto, por muy fuerte que se sienta. No pueden agarrar a un bebé con la misma firmeza y seguridad que la madre y el padre. Hay que estar, por lo tanto, pendientes y, si el bebé llora o se irrita, tratar de separarlos amistosamente.

Por supuesto, es aconsejable tener en cuenta que a esta edad no podemos hacerlos responsables de un bebé. Evidentemente, no todos los chicos son iguales ni los múltiples factores que inciden en una relación fraternal son los mismos. Puede haber algunos que se interesen mucho por la vida del bebé aunque ésta sea aún muy limitada, y benjamines que adoren al primogénito aunque éste los mire con recelo. Son encuentros afectivos al fin y al cabo y, por lo tanto, imprevisibles.

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La ropa y los mellizos

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Hay un tema infaltable cuando se habla de mellizos: la ropa. Por lo general, muchos papas los visten con ropas iguales porque la mayoría de las que reciben de regalo son idénticas, pero también porque sienten que las prendas distintas van a provocar problemas entre ellos.

Este asunto debe ser tratado con naturalidad, sin irse a los extremos. Ni nunca la misma ropa ni siempre vestidos iguales. Y es interesante escuchar la opinión de los chicos, aunque la decisión final corra por cuenta de los padres: a algunos mellizos les gusta vestirse iguales, otros se inclinan por la exclusividad y muchos alternan.

De hecho, cuanto más discriminadas estén ciertas cosas (cama, tipo de comida, ropa, juguetes) más fácil. será que se despeguen en el futuro. Pero tampoco hay que olvidar que estuvieron conviviendo nueve meses muy juntitos en un habitáculo bastante estrecho y éste es una experiencia de vida distinta de la de un bebé que ha estado solo. Por eso muchos pediatras aconsejan no separarlos inmediatamente después de nacer y dejarlos dormir durante un tiempo en el mismo moisés o en la misma cuna.

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Cúando conviene encargar el segundo bebé

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En realidad, no existe una diferencia de edades ideal que se pueda generalizar y aplicar a todos los hermanos en todos los grupos familiares. La “distancia” más adecuada entre los hermanitos no depende solamente de la etapa evolutiva que estén viviendo los pequeños, sino de muchos otros factores, entre los que vale la pena destacar algunos.

La edad de los padres: es importante su grado de madurez y equilibrio, la solvencia con que puedan enfrentar el reclamo de dos pichones en forma simultánea; y también si están “urgidos” por alguna razón profesional, laboral o familiar valedera para tener su segundo hijo en un plazo breve.
Las posibilidades de ayuda familiar: si el grupo familiar ofrece suficiente apoyo, mamá puede atreverse a tener un segundo hijo más o menos pronto; si está un poco sola o desprotegida, le convendrá esperar. Del mismo modo influye la situación económica y laboral de cada pareja. Todo esto hace que la ecuación sea estrictamente particular en cada caso. Seguir leyendo

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Vestir igual a los hijos?

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A veces puede resultar simpático vestir igual a todos los hijos, pero no conviene implantar rígidamente esta costumbre. Es más conveniente respetar los gustos de los niños, sus edades, su constitución física y también su personalidad.

Además, el afán de «igualarlos» puede provocar a la vista el efecto contrario: se resaltan aún más las diferencias que a menudo suscitan las odiosas comparaciones entre hermanos.

Y en el caso de los mellizos, la vestimenta cumple un papel fundamental, para ellos es imprescindible que se los diferencie y no se los confunda.

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