
Los padres no siempre saben reaccionar ante esta situación que también es nueva para ellos. “Por un lado se sienten felices y orgullosos de su hijo, pero por el otro no saben bien cuál es su papel, o no están preparados para el cambio tan profundo que experimenta la mujer.
El fuerte vínculo entre madre e hijo puede llegar a ser excluyente para el padre. A veces las madres, sin darse cuenta, lo hacen sentirse fuera de él con frases como: “Ves, ya lo hiciste llorar” o “Por qué no vas a ver la tele, que quiero darle el pecho con tranquilidad”. Entonces, si el hombre es un poco inmaduro, puede reaccionar escapando y volcándose más en el trabajo, como excusa para no estar en casa y, al mismo tiempo, sentir que hace algo por su familia: ganar dinero.”
Otros se alejan (incluso aunque estén físicamente en casa) porque piensan que durante un tiempo, el bebé sólo necesita a la madre. “Un día le dije a mi marido que podía ocuparse algo más del nene para que así yo pudiera salir un poco. Me miró muy serio y me dijo: ‘Parece que te molesta estar con tu hijo’, y yo que ya llevaba varios días dándole vueltas al asunto, le contesté: ‘Parece que no te gusta estar con él’.
En estos momentos es más importante que nunca que exista una buena comunicación en la pareja para que ambos sepan lo que le está pasando por la cabeza al otro.
El marido, que la mujer necesita que esté a su lado para hablar y compartir con él tanto la responsabilidad como sus nuevas experiencias de cada día. Y la mujer, que él puede sentirse inseguro y hasta un poco celoso ante la atención casi exclusiva que ella le dedica al pequeño.
Cambiar tan radicalmente de vida no es fácil para todo el mundo y, además, existe el mito de que ser madre es algo tan grande que es muy fácil renunciar a todo lo demás. Pero no es así, o por lo menos no siempre.




A esta edad no es imprescindible comprar un caballete, ni un piano ni un traje de bailarina ni nada parecido. Con cosas que tenemos en casa, que incluso desechamos cada día, tendrán para empezar.
