
Cuando salen los primeros dientes, el bebé comienza a tomar nuevos alimentos. Su sistema digestivo no siempre digiere todo al primer intento.
Si todavía no está preparado para asimilar determinada fruta o verdura, reaccionará con diarreas.

Cuando salen los primeros dientes, el bebé comienza a tomar nuevos alimentos. Su sistema digestivo no siempre digiere todo al primer intento.
Si todavía no está preparado para asimilar determinada fruta o verdura, reaccionará con diarreas.

Estamos ante el mismo caso que en la pregunta anterior. Los pequeños babean porque se están preparando para la alimentación sólida. Mientras solamente tomaban leche, no hacía falta producir tanta saliva, pero los alimentos sólidos deben ensalivarse para poder ser tragados y digeridos.
Al principio, la producción de saliva todavía no está bien instalada, produciéndose un exceso que el bebé deja salir sin control. Aun así, se sigue relacionando el babeo con la dentición.
Parece imposible erradicar esta creencia ya que, efectivamente, la salida de los dientes y el aumento de la producción de saliva suceden en la misma época.

La dentición marca un hito importantísimo en la vida del bebé: el lactante se convierte en un chico capaz de probar, masticar y asimilar nuevos alimentos.
Babas, diarreas, fiebre, malestar… a primera vista parece que la dentición es un mal terrible. Sin embargo, es más probable que estos síntomas se deban a otros acontecimientos en la vida del bebé: el comienzo de la alimentación sólida y el agotamiento de las defensas inmunológicas procedentes de la madre. No debemos preocuparnos, pero sí tenemos que informarnos para que este proceso natural transcurra lo mejor posible.
¿Existen remedios para aliviar las molestias?
Parece una contradicción buscar un remedio para algo que, supuestamente, no duele. Sin embargo, es un hecho comprobado que, durante la dentición, los bebés no se portan como de costumbre: lloriquean más, duermen peor, están de mal humor…
A veces, los ayuda morder un aro relleno de agua, enfriado previamente en la heladera, que podemos comprar en cualquier farmacia. También se venden pomadas para pasar en las encías, aunque los médicos, por lo general, las consideran de poco efecto.
Pero no son nocivas y los chicos parecen aceptarlas bien. A lo mejor, su eficacia consiste en la sensación de frescura que sienten sobre las encías o, sencillamente, en la atención extra que reciben cuando su mamá se las masajea suavemente. En algún caso puede ser conveniente administrar al bebé un analgésico; el pediatra dirá cuál es el más adecuado.
Siempre junto al alumno y con el único objetivo de facilitarle el acceso al aprendizaje, la maestra recuperadora se desempeña en las escuelas comunes en cualquiera de estas tres funciones: maestra de grado de recuperación, apoyo pedagógico, y pareja pedagógica.

Los grados de recuperación tienen un objetivo muy amplio, que se fue modificando con el transcurso del tiempo. A ellos asisten aquellos alumnos que necesitan trabajar todo el tiempo en grupos pequeños, aparte del grado común, con una docente especial que pueda hacer un seguimiento mucho más acotado.
Una mayor cercanía entre esta maestra recuperadora y el alumno permite lograr la superación de las dificultades. En los casos de apoyo pedagógico y pareja pedagógica, los niños permanecen dentro del grado común. Hablamos de pareja pedagógica cuando la maestra recuperadora trabaja en el aula en forma permanente con la docente de primero, segundo o tercer grado.
En algunas escuelas ya se están iniciando algunas experiencias de trabajo en los tres ciclos de la EGB. Esta maestra recuperadora planifica las actividades con la maestra común, organiza las tareas tendientes a la superación de la conflictiva de los niños, pero siempre dentro de su grado, junto a su grupo de compañeros.
Con respecto al apoyo pedagógico, a veces hay que producir algún otro tipo de derivación. Los niños que están en apoyo pedagógico reciben atención en las áreas en las cuales su rendimiento no es satisfactorio y son retirados, sólo algunas horitas, en pequeños grupos hacia un ámbito más reducido, una salita de recuperación. Conservan su matrícula en el grado común y refuerzan sólo el área en la que tienen dificultades.

No se puede forzar a los chicos a ser independientes antes de tiempo, ya que lograríamos el efecto contrario. No hay reglas fijas en cuanto a la edad adecuada para soltar las riendas. Evidentemente, cuando son pequeños (antes de los 6 años, aproximadamente), no debemos dejarlos solos en casa ni un instante.
Más adelante, se los podrá ir dejando según las circunstancias el carácter y la madurez de cada uno. Sí son varios hermanos, será más fácil que si se trata de un hijo único, ya que se cuidarán los unos a los otros. Empezar de a poco es lo más adecuado. Las primeras veces saliendo por un ratlto, a un lugar cercano y siempre de día. Cuando empecemos a hacer salidas algo más largas, será bueno telefonear para comprobar si todo va bien.
No hay que dejarlos solos si se oponen, ya que pueden pasarlo realmente mal. Es mejor esperar a que ellos mismos nos hagan ver que se sienten preparados para ello. Puede ayudar mucho el mostrarles lo orgullosos que nos sentimos de su valor e independencia. Y no abusemos: para un niño es nefasta la soledad.
A los más sensibles habrá que explicarles las medidas de seguridad de la casa (cerraduras, portero si lo hay, etcétera) y, desde luego, advertirles que no abran la puerta a desconocidos; también tranquilizados si tienen fantasías excesivas sobre ladrones u otras amenazas.
Esto último será más difícil si nosotros mismos somos unos exagerados que vemos el peligro y enemigos por todas partes. También es bueno que haya un vecino de confianza que quede avisado y al que puedan recurrir.

Los dolores de espalda y de cintura durante el quinto mes de embarazo son bastante comunes, y se deben al reblandecimiento de las articulaciones de la columna por acción de la progesterona. No te esfuerces. Descansa lo necesario. Usa taco mediano o calzado deportivo de calidad.
Si te sangran las encías, otro inconveniente en esta etapa del embarazo, se deberá al cambio de acidez en la saliva debido al efecto de la progesterona. Lava tus dientes luego de cada comida y antes de acostarte. Visita a tu odontólogo sin falta.

Suelen producirse por una subida brusca de temperatura. El pequeño sufre espasmos y pérdida del conocimiento.
También pueden estar provocadas por infecciones del sistema nervioso (meningitis, encefalitis), intoxicaciones, trastornos del metabolismo, traumatismo o ataques epilépticos.
1. Hay que acostarlo para evitar que se haga daño, quitarle las secreciones si las tiene y, si es preciso, colocarle un pañuelo entre los dientes para que no se muerda la lengua.
2. Debemos llamar urgentemente al médico. Tenemos que mantener la calma. Si no conseguimos atención, podemos trasladarlo a un centro sanitario (no olvidar comunicárselo a su pediatra en la próxima consulta). Conviene abrir la ventana para que entre aire fresco y aligerarlo de ropa.
3. Si tiene fiebre, debemos bajarla dándole un baño con agua templada o aplicándole compresas de agua tibia en la frente, axilas, cuello e ingles.

Entre las enfermedades hereditarias de su clase, la fibroquística de páncreas (o mucovisidosis) es una de las más comunes. Compromete a uno de cada 2.000 niños y afecta principalmente a los pulmones y el páncreas. Para que la enfermedad se manifieste, tanto la madre como el padre deben ser portadores de los genes productores.
Si bien ésta es la condición para que la enfermedad se manifieste, sólo uno de cada cuatro descendientes la padecerá: el resto queda como portador sano.
Síntomas de la fibroquística
Los síntomas pueden aparecer en cualquier momento. Al comienzo, el niño presenta problemas respiratorios menores (tos, resfríos frecuentes, disnea o sibilancias similares a las crisis de asma, etcétera) pero, a medida que la enfermedad avanza, el compromiso pulmonar es más evidente.
La hiperproducción de moco viscoso (mucovisidosis) impide una normal dinámica respiratoria. Este mal drenaje del moco y el espasmo de bronquio que suele estar presente lleva, por lo general, a infecciones.
Al igual que en los pulmones, los conductos de salida de estos jugos digestivos o enzimas son obstruidos por tapones mucosos y esto hace que se acumulen en forma de quistes, para más tarde fibrosarse (de allí el nombre de la enfermedad). Por la mala absorción de los alimentos, vitaminas y sustancias nutritivas, el pequeño no crece al ritmo que debería. Además, suele presentar dolor abdominal recurrente y deposiciones pastosas y malolientes.

Es necesario recordar que si bien durante el embarazo la mamas se modifican, no pierden su identidad. De manera que, si la futura mamá tenía hecho previamente el diagnóstico de “displasia” (trastorno del tejido de causa hormonal), lo más probable es que esa displasia también diga presente en la gestación.
El examen clínico más los antecedentes suelen ser suficientes para el diagnóstico. Si la duda persiste, puede recurrirse a un estudio radiográfico de la mama. El tratamiento lo constituye el propio embarazo, ya que las hormonas del mismo tienen, al parecer, un efecto benéfico sobre el tejido mamario.
Si bien los procesos malignos durante la gestación constituyen la excepción y no la regla, el médico dispone de un arsenal terapéutico que le permitirá resolver la situación, según el tiempo de embarazo en el que se realizó el diagnóstico.
Una situación especial es la de aquella mujer que ha tenido previamente un proceso maligno, que ha sido tratada con éxito y que luego queda embarazada. La gestación no “reaviva” ningún proceso, por lo que pueden realizarse los controles correspondientes sin alterar el curso normal del embarazo.

En la otra cara de la moneda están los hermanos menores, quienes se benefician enormemente de esta relación fraternal. Para los bebés, los hermanos mayores son una mente de estímulos inagotable, un modelo para imitar y, más adelante, serán personas a las que pedir ayuda, consejo o con quienes compartir experiencias.
La convivencia los volverá menos egoístas y podrán hacer causa común frente a la adversidad. Las reacciones de los bebés ante la actitud de sus hermanos mayores son entusiastas y expresivas. Se hamacan emocionados, dan saltitos, chillan excitados en su “no lenguaje”, sonríen…, en fin, se les cae literalmente la baba.
Además, tanto los chiquitos como los mayores saben que estando juntos la diversión está garantizada. Entre ellos no existen los límites y prohibiciones que rodean al adulto. Se pueden revolcar por el suelo y armar escándalo.
Sin embargo, los adultos deben ser precavidos y no bajar nunca la guardia. Los bebés confían en sus hermanos mayores y éstos pueden flaquear. Los brazos de un chico de seis años no son los de un adulto, por muy fuerte que se sienta. No pueden agarrar a un bebé con la misma firmeza y seguridad que la madre y el padre. Hay que estar, por lo tanto, pendientes y, si el bebé llora o se irrita, tratar de separarlos amistosamente.
Por supuesto, es aconsejable tener en cuenta que a esta edad no podemos hacerlos responsables de un bebé. Evidentemente, no todos los chicos son iguales ni los múltiples factores que inciden en una relación fraternal son los mismos. Puede haber algunos que se interesen mucho por la vida del bebé aunque ésta sea aún muy limitada, y benjamines que adoren al primogénito aunque éste los mire con recelo. Son encuentros afectivos al fin y al cabo y, por lo tanto, imprevisibles.