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La dentición, produce fiebre?

Es al revés: la fiebre hace qué los dientes crezcan más rápido. El aumento de la temperatura provoca una aceleración del metabolismo, y por eso la mucosa que cubre el diente se retira más rápido.

A partir de los seis o siete meses, es decir, coincidiendo con la época de la dentición, los chicos se enferman más a menudo que antes.

Esto se debe a que los anticuerpos procedentes de la madre se van agotando, teniendo el bebé que crearse su propio sistema inmunológico. Si tiene fiebre, ésta no ha sido causada por la salida de un diente, sino por alguna infección.

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Anuncia la baba la salida de un diente?

Estamos ante el mismo caso que en la pregunta anterior. Los pequeños babean porque se están preparando para la alimentación sólida. Mientras solamente tomaban leche, no hacía falta producir tanta saliva, pero los alimentos sólidos deben ensalivarse para poder ser tragados y digeridos.

Al principio, la producción de saliva todavía no está bien instalada, produciéndose un exceso que el bebé deja salir sin control. Aun así, se sigue relacionando el babeo con la dentición.

Parece imposible erradicar esta creencia ya que, efectivamente, la salida de los dientes y el aumento de la producción de saliva suceden en la misma época.

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Y comienza la dentición (crecen los dientes) en el bebé

La dentición marca un hito importantísimo en la vida del bebé: el lactante se convierte en un chico capaz de probar, masticar y asimilar nuevos alimentos.

Babas, diarreas, fiebre, malestar… a primera vista parece que la dentición es un mal terrible. Sin embargo, es más probable que estos síntomas se deban a otros acontecimientos en la vida del bebé: el comienzo de la alimentación sólida y el agotamiento de las defensas inmunológicas procedentes de la madre. No debemos preocuparnos, pero sí tenemos que informarnos para que este proceso natural transcurra lo mejor posible.

¿Existen remedios para aliviar las molestias?

Parece una contradicción buscar un remedio para algo que, supuestamente, no duele. Sin embargo, es un hecho comprobado que, durante la dentición, los bebés no se portan como de costumbre: lloriquean más, duermen peor, están de mal humor…

A veces, los ayuda morder un aro relleno de agua, enfriado previamente en la heladera, que podemos comprar en cualquier farmacia. También se venden pomadas para pasar en las encías, aunque los médicos, por lo general, las consideran de poco efecto.

Pero no son nocivas y los chicos parecen aceptarlas bien. A lo mejor, su eficacia consiste en la sensación de frescura que sienten sobre las encías o, sencillamente, en la atención extra que reciben cuando su mamá se las masajea suavemente. En algún caso puede ser conveniente administrar al bebé un analgésico; el pediatra dirá cuál es el más adecuado.

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