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Anuncia la baba la salida de un diente?

Estamos ante el mismo caso que en la pregunta anterior. Los pequeños babean porque se están preparando para la alimentación sólida. Mientras solamente tomaban leche, no hacía falta producir tanta saliva, pero los alimentos sólidos deben ensalivarse para poder ser tragados y digeridos.

Al principio, la producción de saliva todavía no está bien instalada, produciéndose un exceso que el bebé deja salir sin control. Aun así, se sigue relacionando el babeo con la dentición.

Parece imposible erradicar esta creencia ya que, efectivamente, la salida de los dientes y el aumento de la producción de saliva suceden en la misma época.

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Y comienza la dentición (crecen los dientes) en el bebé

La dentición marca un hito importantísimo en la vida del bebé: el lactante se convierte en un chico capaz de probar, masticar y asimilar nuevos alimentos.

Babas, diarreas, fiebre, malestar… a primera vista parece que la dentición es un mal terrible. Sin embargo, es más probable que estos síntomas se deban a otros acontecimientos en la vida del bebé: el comienzo de la alimentación sólida y el agotamiento de las defensas inmunológicas procedentes de la madre. No debemos preocuparnos, pero sí tenemos que informarnos para que este proceso natural transcurra lo mejor posible.

¿Existen remedios para aliviar las molestias?

Parece una contradicción buscar un remedio para algo que, supuestamente, no duele. Sin embargo, es un hecho comprobado que, durante la dentición, los bebés no se portan como de costumbre: lloriquean más, duermen peor, están de mal humor…

A veces, los ayuda morder un aro relleno de agua, enfriado previamente en la heladera, que podemos comprar en cualquier farmacia. También se venden pomadas para pasar en las encías, aunque los médicos, por lo general, las consideran de poco efecto.

Pero no son nocivas y los chicos parecen aceptarlas bien. A lo mejor, su eficacia consiste en la sensación de frescura que sienten sobre las encías o, sencillamente, en la atención extra que reciben cuando su mamá se las masajea suavemente. En algún caso puede ser conveniente administrar al bebé un analgésico; el pediatra dirá cuál es el más adecuado.

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Los hermanos mayores para el bebé

En la otra cara de la moneda están los hermanos menores, quienes se benefician enormemente de esta relación fraternal. Para los bebés, los hermanos mayores son una mente de estímulos inagotable, un modelo para imitar y, más adelante, serán personas a las que pedir ayuda, consejo o con quienes compartir experiencias.

La convivencia los volverá menos egoístas y podrán hacer causa común frente a la adversidad. Las reacciones de los bebés ante la actitud de sus hermanos mayores son entusiastas y expresivas. Se hamacan emocionados, dan saltitos, chillan excitados en su “no lenguaje”, sonríen…, en fin, se les cae literalmente la baba.

Además, tanto los chiquitos como los mayores saben que estando juntos la diversión está garantizada. Entre ellos no existen los límites y prohibiciones que rodean al adulto. Se pueden revolcar por el suelo y armar escándalo.

Sin embargo, los adultos deben ser precavidos y no bajar nunca la guardia. Los bebés confían en sus hermanos mayores y éstos pueden flaquear. Los brazos de un chico de seis años no son los de un adulto, por muy fuerte que se sienta. No pueden agarrar a un bebé con la misma firmeza y seguridad que la madre y el padre. Hay que estar, por lo tanto, pendientes y, si el bebé llora o se irrita, tratar de separarlos amistosamente.

Por supuesto, es aconsejable tener en cuenta que a esta edad no podemos hacerlos responsables de un bebé. Evidentemente, no todos los chicos son iguales ni los múltiples factores que inciden en una relación fraternal son los mismos. Puede haber algunos que se interesen mucho por la vida del bebé aunque ésta sea aún muy limitada, y benjamines que adoren al primogénito aunque éste los mire con recelo. Son encuentros afectivos al fin y al cabo y, por lo tanto, imprevisibles.

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A mi hijo se le cae la baba, ¿qué hago?

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Es común escuchar a una madre decir que su hijo de cinco meses todavía sigue babeando, hasta el punto de que en una sola tarde moja dos camisas y camisetas. Pueden ponerle un babero permanentemente, pero la pregunta es: ¿es normal que babee tanto?
En principio, debes quedarte tranquila, ya que en el desarrollo normal del niño la salivación aumenta entre el cuarto y sexto mes de vida.

Cuando el niño comienza a babear mucho significa que su cuerpo empieza a prepararse para poder digerir alimentos más sólidos. Pero el aumento de la salivación también puede indicar otras cosas: la salida de los dientes, un muguet o tratarse de una infección bucal.

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