Agregado en 20 October 2008

Aunque ya ha aprendido las primeras sílabas y las pronuncia, el bebé sigue transmitiendo miles de mensajes afectivos a través de su mímica gestual.
“Mis hijos son gemelos y los atendemos simultáneamente mi mujer y yo. Nuestro hijo es más cariñoso que la nena. Aún así, nos obsequia con sonrisas, carcajadas y tirones de pelo acompañados de balbuceos” señala un papá interesado en saber si se puede enseñar a querer a los hijos. Una pregunta difícil de contestar, ya que el sentimiento profundo de afecto no se puede aprender, se debe sentir.
Lo que ocurre es que, a esta edad, los chicos no están capacitados para demostrar los afectos como los adultos. Sin embargo. se los puede ayudar a expresarlos si désete temprano se establece una buena comunicación en el núcleo familiar.
Por el contrario, cuando el adulto no sabe o le cuesta demostrar su cariño al pequeño, éste tendrá dificultades no sólo para expresar sus sentimientos, sino para crecer y construir su afectividad.
Esto no significa que los padres tengan que ser perfectos. En los vínculos afectivos se producen oscilaciones totalmente normales.
Un día, el adulto puede estar cansado y no tener ganas de acariciar al hijo, o al revés. Son situaciones aisladas que no alteran la relación afectiva, pero si los desencuentros son permanentes, pueden causar trastornos en el chico, que conviene remediar cuanto antes consultando a un psicólogo.
Agregado en 20 October 2008

Además del beso, el bebé inventa multitud de caricias con la boca. Son demostraciones amorosas que ofrecen con exclusividad a las personas que quieren. En esta etapa, una de sus aficiones predilectas es morder.
Se trata de un acto de comunicación, normal y pasajero, que. nunca debe interpretarse como una acción voluntaria de maldad. Algunos pequeños reciben a los seres queridos con besos, caricias y algún mordisquito.
Otros tienen grandes deseos de relacionarse con los demás; a veces, en la plaza o en la calle se acercan a sus iguales para morderlos. La explicación de los especialistas es que así realizan sus primeros contactos sociales y les muestran su cariño.
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Agregado en 20 October 2008

Todo chiquito sabe que su padre y su madre lo quieren, y viceversa; pero su comportamiento afectivo no es como el de los mayores.
• Los sentimientos del pequeño son un misterio para él mismo, y con frecuencia no recuerda lo que sintió ayer. El carino do los papas y de las figuras que los reemplacen le dan seguridad.
• Las relaciones afectivas deben ser auténticas. Los padres no deben fingir, pero deben recordar que despedirse con un beso de buenas noches tranquiliza y consuela a los bebés.
• Hay que respetar la decisión del chiquito cuando retira la cara porque no quiere besar a un familiar o a extraños. No se lo debe obligar si no lo desea. El beso siempre debe ser espontáneo.
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Agregado en 20 October 2008

A veces, el llanto tiene un significado afectivo. Los chicos de estas edades, que no saben expresar bien lo que sienten, lo utilizan para reclamar la presencia de un ser querido.
“Todas las tardes, mi hijo (18 meses) espera jugando conmigo la llegada de su padre. Si él no entra directamente en la habitación donde estamos, para saludarnos, él se pone a llorar”, cuenta la mamá.
Está probado que cualquier bebé tiene fuertes emociones, lo mismo que el adulto. Sin embargo, a la hora de exteriorizar sus amores, deseos y caprichos, se encuentra limitado porque aún no está desarrollado psíquica ni físicamente, ni conoce las posibilidades del lenguaje hablado.
Por eso, el llanto también le sirve para sustituir manifestaciones afectivas. En algunas ocasiones, estas lágrimas de impotencia se producen ante situaciones que él no controla. Y ya que no sabe pedir lo que quiere, la madre, el padre o la persona que habitualmente lo cuida son los que mejor pueden interpretar el anhelo del niño. Lo ideal es que realicen la acción por él, hablando despacio y claramente, mostrándole las palabras que él podrá emplear en un futuro.
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Agregado en 20 October 2008

Llegar a ser una mamá o un papá afectuosos requiere, además de tiempo, cierto esfuerzo emocional y físico. En esta época, el bebé se siente más independiente, pero sigue necesitando que sus padres lo alcen en brazos.
Todavía le ofrece seguridad, pero, ¿es conveniente que lo sigan haciendo? Claro que sí, a cualquier pequeño le viene bien que lo apacigüen siempre que lo precise. No se lo malcría aunque se haga frecuentemente, pero esto no significa que se acurruque en el regazo de mamá o papá las veinticuatro horas del día.
“Adoptamos a mi hija a los pocos meses de nacer. Algunas noches se despierta y se pone a llorar, entonces mi mujer o yo la tomamos en brazos. Nuestra hija aprovecha la ocasión para agarrarse fuertemente, abrazarnos y besarnos. Es la mejor recompensa emocional que podíamos recibir”, señala el padre. A estos padres no les importa levantarse de la cama a la hora que sea para abrazar a su hija porque intercambian manifestaciones-de afecto y los tres se sienten queridos.