Agregado en 12 June 2008

“Estaba muy nerviosa. Creía tener hambre pero no estaba muy segura. Ya no sé lo que es el hambre. Me fui a la cocina, no podía más, y me devoré todo lo que encontré a mi paso. Después me sentí fatal, vacia. Cuando me pasa esto y no me puedo provocar un vómito, es terrible…”, cuenta otra adolescente, de 18 años.
Comer se convierte en una cruz y, sin embargo, estos chicos no pueden dejar de abalanzarse indiscriminadamente sobre los alimentos.
Decir que las causas son el aburrimiento, las tensiones y las preocupaciones propias de la adolescencia es una explicación demasiado simple que no nos ayuda a comprender las auténticas características de este grave problema. En primer lugar, deberíamos destacar la excitación que precede al acto bulímico. Seguir leyendo
Agregado en 27 May 2008

No es hambre ni glotonería. Se trata de un trastorno psicológico que los impulsa a comer cualquier cosa sin parar.
Es difícil de explicar. “De pronto me siento excitada y empiezo a comer y comer. Sé que no debo hacerlo pero no puedo evitarlo. Como cualquier cosa, no puedo parar, devoro lo que encuentro hasta que no puedo más. Después me reprocho haberlo hecho, haber caído una vez más…”, relata una adolescente que sufre cada vez que ataca la heladera.
Pero, ¿por qué una joven, sin saber las razones que la impulsan a ello, se ve arrastrada a comer vorazmente sin importarle lo que come y sin poder detenerse? ¿Es glotonería o un hambre desporporcionado? La respuesta no es sencilla. Se trata de un trastorno psicológico llamado bulimia. Seguir leyendo
Agregado en 23 May 2008

Muchas crisis de bulimia se instalan en el seno de una familia con problemas de comunicación. Son adolescentes que se quejan de la ceguera de los padres, de la incomprensión de una madre que se mete demasiado en sus vidas. En cualquier caso, lo que pasa se silencia, no se habla. Y allí se hace presente la bulimia, como forma de llenarse la boca y no hablar.
“Cuando como estoy siempre en vilo. Una vez estaba comiendo y llegaron mis padres. Mi madre me miró horrorizada pero no me dijo nada. Yo hubiera preferido que me insultara”.
“Mi madre quiere saberlo todo sobre mí, no puedo ocultarle nada. Se da cuenta si he vuelto a comer o no. Muchas veces me doy un atracón después de hablar con mi madre”. Seguir leyendo