
Hace pocos días escuchaba a dos mamas que hablaban en la puerta del Jardín mientras esperaban a sus hijos de cuatro años. Una de ellas le deda a la otra: «¡Cómo! ¿Lo vas a dejar ir a la granja-escuela? Yo no pienso dejar a Malena que vaya. Me da muchísimo miedo.
Aunque su señorita dice que todo está bajo control, no me fío. ¡Tan chiquitos en micro, y todo el día por ahí tan lejos! No, la llevo yo otro día al zoo y listo».
La reacción de esta mamá, aunque por suerte es minoritaria, no es un caso aislado. Si bien no suele llegarse al extremo de prohibirles ir con sus compañeros a las salidas que propone la escuela, a la mayoría de los padres estas excursiones les producen cierto miedo e inseguridad.
Se los ve tan chiquitos y estamos siempre tan pendientes de ellos que cuesta trabajo aceptar, sin cierta angustia, que se van a ir por ahí sin estar en nuestra compañía. Es necesario hacer un ejercicio de autocontrol y no temer por su seguridad. En las salidas que programan los jardines de infantes o los colegios se toman las medidas necesarias para que todo fluya con normalidad. Además, estas actividades son muy enriquecedoras para los chicos.
Pedro es el padre de Bautista, de tres años y medio. El otro día, la clase de su hijo fue de excursión al mercado del barrio. Cuando fue a buscarlo por la tarde, se quedó impactado al ver a Bautista sumamente excitado.
«Estaba como loco, contándome de forma atropellada un sinfín de cosas del mercado», recuerda. «Empezó a explicarme como una metralleta que había estado en una frutería y que había visto tomates y que el frutero le había regalado una manzana a cada uno. ¡Y en casa ni las , prueba! También todo lo del pescadero y el carnicero, y que si había tocado un mejillón, como si no hubiera visto en su vida pescado fresco…
En fin, yo no podía creerlo. Y su seño me dijo que se portó fantástico; cuando va con nosotros a hacer las compras, raro es el día que no termine en un berrinche, ya que es inquieto como una lagartija».
Este tipo de actividades, aunque suelen desarrollarse en escenarios cotidianos, son muy impactantes para los pequeños. Sin sus papas, con sus docentes y compañeros, todo es más emocionante, y eso hace que aprendan más y asimilen mejor lo aprendido.
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