
Investigadores y estudiosos en el área de la crianza y educación infantil sostienen que las rutinas, al hacer que los acontecimientos sean predecibles, tienen una influencia favorable en padres e hijos, porque les proporcionan estabilidad en un mundo que de otro modo resultaría algo caótico.
Fomentan un sentido de cohesión y satisfacción general en la vida familiar, hacen que los chicos se sientan conectados e incluidos en su familia, dan seguridad y comodidad.
Ayudan a superar mejor las crisis y acontecimientos adversos (cambios de residencia, divorcio, fallecimientos o enfermedad en la familia…), y favorecen la competencia social de los chicos. También propician que las madres (y los padres) se sientan competentes, al hacer su labor más fácil y eficaz.
Incluso se ha encontrado relación con el rendimiento académico de los chicos (y es lógico, si lo pensamos, ya que las rutinas proporcionan un ambiente estructurado).
Lo difícil es compaginar los ritmos de los chicos con los de los adultos, que sí pueden y, en muchas ocasiones, necesitan introducir más cambios en sus horarios. No hay que obsesionarse, pero sí conviene mantener un plan cotidiano que armonice el ritmo del pequeño con el nuestro.
Si sabe, por ejemplo, que alrededor de las cinco van a la plaza, que al volver lo bañarán, que después le darán de cenar y que finalmente lo acostarán y le contarán un cuento, aceptará todo de buen arado y sin resistirse, sintiéndose además feliz y sereno.
¿Tienes alguna consulta, problema o algo que decir?
Contamos con especialistas
Dispuestos a responder todas tus consultas
Haz tu consulta a continuación
Contamos con especialistas
Dispuestos a responder todas tus consultas
Haz tu consulta a continuación