Cambiar tan radicalmente de vida no es fácil para todo el mundo y, además, existe el mito de que ser madre es algo tan grande que es muy fácil renunciar a todo lo demás. Pero no es así, o por lo menos no siempre.
Estar en casa todo el día sola con un chico es una experiencia dura. Un bebé exige mucho tiempo y mucha dedicación y no todas las mujeres están preparadas para eso.
“Toda la familia te aconseja que dejes de trabajar cuando nazca el bebé. Bueno no, mi marido sólo me dijo que él podría hacer algunas horas más por la tarde para compensar mi sueldo. Decidí hacer una prueba y uní el mes de vacaciones a los de licencia por maternidad, y el experimento no me convenció. Me encantaba estar con mi hijo pero, aunque me daba vergüenza reconocerlo, también extrañaba la actividad de la oficina, el arreglarme cada día para ir al trabajo (me pasé los dos primeros meses de la bata al conjunto deportivo), el ir leyendo en el trayecto del ómnibus (en casa no tenía tiempo ni para mirar el diario).
Tampoco me gustaba que mi marido trabajara más. Primero porque estaba todo el día sola, después porque llegaba muy cansado y sin ganas de hablar y, por último, porque como él trabajaba más horas y yo estaba allí todo el día ya no colaboraba nada en las tareas de la casa. ¡Con lo que me había costado educarlo..!”
Durante los primeros meses, la nueva madre pasa por un período de inseguridad, contradicciones y cambios físicos y psíquicos. Siente la necesidad de comunicar sus nuevas experiencias, que son vitales para ella, y de quien espera más ayuda y comprensión es, fundamentalmente de su compañero, el padre.
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