
Si una de estas mentiras se da sólo de vez en cuando, está dentro de lo normal. Bastará con decirle claramente a nuestro hijo que no aprobamos las mentiras, que pueden disminuir nuestra confianza en él y, en el caso del ejemplo anterior, que su hermano no tiene que cargar con la responsabilidad de algo que hizo él.
Si estos episodios se repiten, tendremos que plantearnos qué ocurre. Muchas de estas mentiras las produce el miedo. Miedo al castigo, miedo a defraudarnos.
Cuanto más severos y autoritarios seamos, más fácil es que nuestros hijos recurran a la mentira. En algunos hogares no puede derramarse un vaso sobre un mantel sin que haya que buscar a un culpable a quien reprender. Es difícil exigir sinceridad u honradez a un chico que crece con el temor permanente a la desaprobación o el castigo.
A veces, nosotros mismos podemos no ser conscientes de qué actitud nuestra provocó el temor del chico (un bofetón, un castigo exagerado). Es importante que intentemos descubrir la imagen que nuestros hijos tienen de nosotros y tratemos de establecer con ellos una relación basada en la confianza.Para eso es conveniente que, ante una travesura o un descuido, pongamos más empeño en buscar soluciones que en buscar culpables. Por ejemplo, si cuando una canilla queda abierta, pedimos a nuestro hijo que nos ayude con el balde mientras nosotros pasamos el trapo, en lugar de acorralarlo para que “confiese”, le estamos dando una lección que él agradecerá. No lo hemos sometido a un interrogatorio policial, pero sí lo hemos puesto en contacto con las consecuencias de su descuido. Una cariñosa advertencia para tener más cuidado la próxima vez completará una actuación correcta.
¿Tienes alguna consulta, problema o algo que decir?
Contamos con especialistas
Dispuestos a responder todas tus consultas
Haz tu consulta a continuación
Contamos con especialistas
Dispuestos a responder todas tus consultas
Haz tu consulta a continuación