
A poco más de un año del parto, ¿cómo llevas tu maternidad?
Estupendamente. Creo que la he incorporado de manera tan natural como el embarazo. Y con mi hija disfruto cada momento en el que podemos estar juntas, porque el año pasado fue muy duro de trabajo y no he podido estar con ella todo lo que he querido. Es decir, que he tenido trabajos muy intensos, y es como que siempre me quedo con ganas de estar más tiempo a su lado.
¿Notas algún cambio en tu persona desde que llegó tu hija?
Mira, yo creo que te cambian cosas internas. No sé si yo he sentido un cambio muy brusco, pero siento que hay cosas que se han exacerbado; por ejemplo, mi sensibilidad hacia determinados temas como puede ser el de los niños. Uno tiene muy claro que ante un niño el egoísmo no existe en la madre. Por lo menos, eso es lo que me está pasando a mí. Que das, das y das y nunca te supone un sacrificio, como algunas veces nos lo hacían ver nuestras madres. Si este amor que a uno de repente le nace, esta sabiduría de la naturaleza, a uno no lo coloca en el equilibrio de lo que realmente tiene valor en la vida, creo que ya no te lo coloca nada ni nadie.
¿Qué valores te parecen fundamentales para transmitirle en su crecimiento?
El ser buena persona y no actuar nunca con maldad; el ser generosa; el pelear por sus sueños y por un mundo mejor, que es posible.
¿Te gustaría tener más hijos?
Sí, me gustaría que no quede como única hija. Es responsabilidad de los padres tener que decidir que un hijo tenga o no una relación de hermano, que es diferente a todas las demás relaciones de la vida. Y además, ¿quién es uno para decidir negarle ese privilegio y privarla de tener hermanos?
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