
- Recorrer varias inmobiliarias a fin de concretar entrevistas para visitar inmuebles con las comodidades requeridas e informarse de los precios del mercado.
- Acudir a unos cuantos bancos, sin olvidar el Banco Hipotecario, donde por lo general los créditos son más accesibles y baratos, a fin de anotar las distintas propuestas. Solicitar folletos explicativos. Ya en casa, leer uno por uno, hacer cuentas y comparar. De esta reflexión surgirá la opción más conveniente para el bolsillo.
- Tener en cuenta que el monto que conceden los bancos varía de acuerdo con el ingreso y que no todos tienen el mismo tope. Por lo tanto, averiguar la suma que otorga cada uno:
- Para llegar a la decisión final conviene prestar atención a:
* la proporción del costo de la vivienda que financiará el banco.
* qué tasa de interés se aplica y si permanecerá invariable o sufrirá los cambios del mercado.
* la cuota mensual a pagar y si es fija o variable. Por lo general, se trata de que no supere la tercera parte del conjunto del ingreso del núcleo familiar que se puede certificar. Si, en su conjunto, las entradas no llegan al mínimo exigido, algunos bancos admiten un codeudor solidario o garante.
* si esa cuota mensual incluye todos los conceptos posibles, intereses, gastos administrativos y de escritura de compra e hipoteca, seguro de vida, incendio y eventualmente de empleo para quienes trabajen en relación de dependencia.
* el plazo del préstamo y su relación con el monto de la cuota.
- Averiguar si es factible la cancelación anticipada y, en caso afirmativo, si implica un gasto extra.
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