
Por qué hay padres que pretenden educar constante e ininterrumpidamente? Sí, su tarea no tiene intervalos ni treguas. Y sus hijos soportan aburridos las acostumbradas retahilas, las frases hechas habituales que ya no significan nada para ellos y que por eso mismo no obedecen. “Deja eso en su lugar”, “no golpees así la mesa”, “vas a ensuciarte con ese chocolate”, “no te tires al suelo”… Y más, muchas más. Como si la función de padre consistiese sólo en apuntar con el índice, levantar la voz y proclamar ante cada actitud lo que no debe hacerse.
Un mandato cultural que muchos papas y mamas llevan sobre sus espaldas, pero del que cada vez están menos convencidos. La repetición ha desgastado de tal modo las consignas prohibitivas que dirigen a sus hijos que no sólo se han vuelto ineficaces sino cansadoras.Imaginemos un chico encerrado en su casa en una tarde de lluvia ya no sabe qué hacer con sus energías. Harto de hojear libros de cuentos, de mirar figuritas, de hacer circular autos y de armar y desarmar camiones, deja su habitación y se instala en el living. Allí se sube a un sillón y, siguiendo el modelo del fantástico héroe televisivo, intenta volar. Una vez, dos veces, tres…y aterriza sobre la alfombra. La paciencia de mamá toca su fin, deja de funcionar y ya no tolera esas caídas.
No te subas al sillón porque lo estropeas, no te tires más porque te vas a golpear, anda a ordenar tus juguetes, vamos a hacer cuentas. Pero, casualmente, hoy Juan Pablo no está en uno de sus mejores días; el aburrimiento, la ausencia de amigos, el encierro, lo tienen a maltraer, y no está en sus planes obedecer al pie de la letra las órdenes de su mami.
La idea es otra. Por ejemplo, contradecir cada una de sus propuestas. Entonces, sigue saltando desde el sillón y ni piensa en ordenar sus juguetes y menos en hacer cuentas. Hasta aquí, la introducción y el desarrollo de la escena.
¿El desenlace? Ahí se centra el punto más frágil de la cuestión. Si mamá capta el cansancio y el hartazgo de su hijo quizá postergue su acción educadora para cuando aclare, pero si se empecina en hacer cumplir todos sus mandatos contra viento y marea, probablemente la cosa termine en una batahola sin igual. Lo que no sólo es inútil sino que contribuye a deteriorar el vínculo entre los dos.