
Cuando una mujer queda embarazada, un aluvión de consejos de distinta naturaleza le cae encima. La mayoría de las bienintencionadas recomendaciones comienza por «tendrías»/«no tendrías», y el resto se expresa a través de curiosas premisas, algunas muy antiguas y otras más modernas.
La mujer embarazada suele recibir estas informaciones con una mezcla de agradecimiento, ansiedad y duda. Necesita tiempo para escuchar y entender los cambios que se están produciendo en su cuerpo, y la mayoría de las recomendaciones la confunden un poquito más. O la asustan. Ella, que pensaba que todo iba tan bien…
«Y entonces la gente empieza a contarte historias para no dormir, te enumera una larga lista de cosas que ya no se pueden comer, actividades que no deben realizarse, y en un momento se pasa de sentirse exuberante y encantada con el embarazo a tener miedo de todo», recuerda Marisa, madre de un bebé de dos meses.
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