
¿Qué medidas tomaría si un día, al volver del Jardín, su hija le dice que usted es una idiota (o loca, o tonta, o cualquiera de esas palabras que cuando los chicos las estrenan no se les despegan de la boca). En primer lugar, posiblemente nada, porque estará muy ocupada tragando saliva.
Después, con más o menos enojo, según su estado de ánimo, le recitará las fórmulas de costumbre: “Dónde aprendiste eso”, “no quiero volver a escuchar esa palabra”, “mamá está muy enojada”, “eso no se dice”.
Y a veces funciona v la nena no la repite, pero si no está en un día muy feliz puede insistir con el término en cuestión porque ha reconocido la fuerza que tiene y la irritabilidad que produce en su madre (a lo mejor ése y no otro era su objetivo).
De manera que, en algunos casos, agrandar ciertos episodios, magnificarlos y tratar de cortarlos inmediatamente no sirve de mucho. Muchas veces es más eficaz desviar la atención del asunto y restarle importancia.
Algo que algunos padres saben manejar muy bien, porque ya han comprobado los buenos resultados que da no entrar en el juego que los diablitos arman tan astutamente para provocarlos y hacerlos estallar.
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