
El juego creativo y el orden son incompatibles cuando se trata de chicos pequeños. Es más, un cuarto infantil revuelto es señal inequívoca de que el pequeño está en su salsa y en compañía de la musa inspiradora.
Evidentemente, dejarlo crear en libertad no significa que haya que abandonarlo en medio del caos. La limpieza y el orden también son necesarios para él y hay que enseñarle, poco a poco, a recoger sus cosas cada vez que termine su juego, guardarlas en su sitio y lavarse o darse un baño.
Lo que no tiene sentido es obsesionarse y acecharlo con advertencias y un trapo húmedo en la mano listo para borrar cualquier mancha.
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