
Para eso es muy útil que aprendan a planificar. Si lo enfocamos de tal forma que los motive, irán siendo conscientes de que pueden sacar más provecho de su tiempo y de su esfuerzo. Comprenderán que también es divertido organizar el descanso y las diversiones, y no sólo las obligaciones (deberes, pequeñas responsabilidades, etc.).
Conviene que dispongan de una agenda infantil en la que ellos mismos vayan anotando sus tareas. En el mercado también se encuentran calendarios para poner en la habitación en los que con un simpático sistema de adhesivos van marcando lo que tienen que hacer: tanto la prueba de matemática, como el cumpleaños de su amigo o el cine con los abuelos…
De esta forma irán tomando conciencia de que, si se organizan, les quedará más tiempo libre para hacer lo que les gusta.
Este proceso es largo y, en casa, los padres debemos actuar sin precipitación. Si queremos educarlos para que sean más capaces de regular su tiempo, es preciso que ellos sepan cuánto tienen. Por ejemplo, es mucho más adecuado avisarles 5 ó 10 minutos antes de cenar para que vayan dejando lo que están haciendo, que llegar ya con la mesa puesta a echarles en cara que todavía no han terminado y que dejan todo para el final.
Otra cuestión no recomendable es intentar hacerlos razonar cuando ya se les ha venido la hora encima y están nerviosos. En ese momento no atenderán razones. Es preferible subsanar juntamente con ellos la situación y después, cuando ya estén tranquilos, demostrarles las consecuencias negativas de la precipitación y de dejar todo para último momento.
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