
Lo normal es que un chico se pase el día inventando, garabateando, en definitiva, jugando. Si observamos que, por mucho que lo estimulemos, el pequeño siempre se muestra indiferente hacia estas actividades, tenemos que investigar qué puede estar ocurriendo.
Una posibilidad es que en nuestro afán por darle lo mejor, lo estemos estimulando en exceso. Tengamos en cuenta que, si los estímulos son exagerados, lograremos el efecto contrario al deseado e inhibiremos su natural capacidad de fantasear.
También puede ocurrir que este desinterés coincida con un momento de tensión familiar que, una vez superado, permita al pequeño continuar sus juegos.
Si sospechamos que puede haber algo más serio detrás de su apatía, no dudemos en consultar con un especialista.
¿Tienes alguna consulta, problema o algo que decir?
Contamos con especialistas
Dispuestos a responder todas tus consultas
Haz tu consulta a continuación
Contamos con especialistas
Dispuestos a responder todas tus consultas
Haz tu consulta a continuación