
¡Qué aburrido…!». ¿Qué padre no espera oír esta respuesta de su hijo de cinco años si en vez de ir al parque de diversiones le propone ver unos cuantos cuadros? Ahora bien, esta acritud puede cambiar. Los museos también están hechos para los más chiquitos, sobre todo ahora que muchos cuentan con programas infantiles. Estas son ideas para que disfrutar del arte no sea una utopía.
No obligar: Por supuesto, si no quiere ir, no hay que obligarlo. Ni mucho menos cambiarle un plan atractivo (jugar al fútbol, ir al cine…) por ir a ver esculturas y cuadros. Con eso sólo conseguiremos que los odie.
No crear expectativas: No es cuestión de dar demasiadas pistas. Se trata de que el chico sepa que va a ir al museo, pero no que conozca al detalle qué va a ver allí. De esta forma, dejamos lugar a la sorpresa, al descubrimiento.Un itinerario: Si lo llevamos al Museo Nacional de Bellas Artes, trataremos de que, en primer lugar, vea la pintura europea clásica. Quizá sería bueno empezar sólo por los cuadros y esculturas más famosos. Otro día, lo conduciremos a los salones donde se expone la pintura argentina actual y de otros siglos. Pero tratando de seleccionar los ejemplos más célebres y conocidos para que se vaya familiarizando con ellos y no se fatigue tanto.
Si visitamos el MALBA, le aclararemos que la pintura que veremos es exclusivamente latinoamericana y, como en los otros casos, seleccionaremos las obras y autores más representativos, de lo contrario le resultará pesado y después no recordará nada.
Nunca más de una hora: El recorrido por el museo no debería durar más de una hora. No podemos pretender que un chico esté atento (ni entretenido) durante más tiempo. A Francisco le hubiera resultado muy útil saber esto cuando organizó la primera visita a un museo con sus hijos.
Planeó una intensa mañana de domingo de sala en sala, un descanso en mitad de la jornada, más obras después del descanso… Y sí, los chicos empezaron la visita con entusiasmo, pero la terminaron aburridos, cansados y colgados de los brazos de su padre. Lo peor no es que no quisieran volver, sino que éste pensó que los museos no estaban hechos para los chicos. ¡Qué error!
Hablar su lenguaje: No es fundamental que los chicos salgan del museo con muchos conceptos académicos. Lo importante es que disfruten y aprendan a mirar las obras. Y para eso, usaremos un lenguaje preciso que sean capaces de entender.
Los responsables de las visitas organizadas para chicos de los museos tienen un buen truco para captar su atención y para que comprendan sus explicaciones: utilizar muchos sinónimos.
Si se aburre, dejarlo para otro momento: Si vemos que han perdido interés y no son capaces de retomarlo, lo mejor es dejarlo para otro día o hacer un descanso yjugar un ratito a algo. Pero fuera del museo, en el jardín… nunca en la misma sala donde estamos viendo las obras. Otra opción es tomar algo y después seguir. Ir al museo no es como ir al colé, no es obligatorio. Si creen que disfrutar del arte es otra tarea más, no lograremos que les guste de verdad. Por lo menos no siendo tan chiquitos.
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