
Desde que son bebés podemos leerles cuentos e historias, convirtiendo el momento en algo muy afectivo. Conviene modular la voz y enfatizar determinadas expresiones: no seamos unos «pesados» leyéndoles el cuento de un tirón monocorde. Cuanto más expresivo sea el lector y más gesticule, mejor.
Hay que leerles todo tipo de formas literarias: rimas, retahilas, prosa, adivinanzas… partiendo siempre de sus intereses. Así, desde pequeños, descubren la relación entre el lenguaje oral y el escrito.
Algunos estudios confirman que a los chicos a los que se les leyó en voz alta habitualmente aprendieron a leer antes y mejor.
En días especiales, va al Jardín un delicioso personaje: el cuentacuentos profesional (narrador o narradora oral). Su función es narrar creativamente los cuentos. Se apoya, además de su voz, en el soporte físico del cuento o en historias inventadas, y agrega expresión corporal, mímica, efectos especiales…
Cuanta más magia se ponga a la historia, más les fascinará a los pequeños. También se pueden utilizar disfraces y hacer que los chicos participen.
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