Después del divorcio de los padres, es extremadamente importante que la vida de los hijos entre en cauces más tranquilos. Por eso, las costumbres fijas son imprescindibles.
Como diría el principito de Saint-Exupéry en forma moderna: “Si papá viene los viernes, comenzaré a ser feliz desde el jueves. Pero, si viene cualquier día, nunca sabré cuándo preparar mi corazón. Los ritos son importantes”.

