
No comentas nada del primer parto, ya que si fue feliz y rápido no habría en principio motivos para tener tanto miedo. Si, por el contrario, fue difícil, doloroso y/o anormal, entendemos mejor tu preocupación.
Nuestro país tiene todavía una enorme deuda con algunas embarazadas, ya que la mortalidad en el parto aún no está a la altura de lo que nos correspondería considerando nuestro grado de desarrollo tecnológico y económico.
Existen bolsones de pobreza en los que es comprensible que el parto tenga connotaciones negativas, incluyendo el miedo a morirse. Pero para la mayoría de la población, la muerte de la mujer en el momento de dar a luz es un accidente excepcional.
En la Capital, la asistencia pública en centros como la Maternidad Sardá o los hospitales Fernández y Argerich, para dar ejemplos aislados, es de primer nivel. En los ámbitos privados, la atención médica es mayoritariamente satisfactoria, así como en muchas obras sociales y mutuales.
La clave es la de siempre: establecer la debida confianza con el equipo profesional durante el embarazo. Si no hay conformidad, habrá que buscar otra alternativa posible. Y nunca dejar de concurrir a los cursos de psicoprofilaxis obstétrica.
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