Pregunta: Me gustaría saber algo más acerca de la vacuna contra la hepatitis. Tengo entendido que no está contemplada en el calendario oficial, que debe comprarse y aplicarse en forma particular.
Cuando se habla de hepatitis, la mayoría de las personas se refiere a la hepatitis A, por su mayor frecuencia de aparición. Pero en la actualidad ya se conocen y están bien definidos cinco tipos diferentes de virus (A, B, C, Dy E), capaces de producir hepatitis. De todas ellas, tan sólo tres (B, C y D) pueden pasar a la cronicidad y ocasionar severas complicaciones.
La hepatitis A es la más frecuente de todas, su mayor presencia se debe a la facilidad con que se contagia y está en relación con el desarrollo socioeconómico, la higiene, el medio ambiente y la educación de la población.
El contagio se produce por la contaminación de alimentos, las manos o el agua con materia fecal de una persona infectada. Por ese motivo, como el contagio es fecal-oral (lo que contagia es la materia fecal de la persona enferma), deben extremarse las medidas higiénicas cuando se está en presencia de una persona o niño enfermo de hepatitis A.
Este tipo tiene dos formas clínicas de presentación: la más conocida, pero no la más frecuente, se la reconoce porque al enfermo se le colorean de amarillo las conjuntivas y la piel adopta también un color amarillento (de ahí el nombre de ictérica). Presenta, además, orinas oscuras (coluria) y tiene deposiciones con materia fecal clara (acolia). La otra más frecuente, anictérica, no tiene manifestaciones cutáneas de enfermedad ni la piel ni las conjuntivas se ponen amarillas, tampoco la orina y las deposiciones cambian de color.
El diagnóstico
Se realiza por medio de estudios en sangre, y el tratamiento demanda reposo y una alimentación sana hasta que el compromiso hepático se resuelva.
La hepatitis B no es tan frecuente como la A, pero dada la evolución que puede tener al derivar en un daño severo del hígado, deben tomarse todos los recaudos para evitar el contagio. Las formas crónicas pueden evolucionar a la cirrosis o a otras más graves de daño hepático, como el hepatocarcinoma, o terminar en una hepatitis fulminante.
El virus de la hepatitis B es cien veces más infeccioso que el del HIV y, si bien las fuentes de contagio son similares, en la hepatitis B se suman otras, como la saliva. Las hepatitis C, D y E son muy raras y, en general, se dan en personas con condiciones particulares.
Para las dos primeras hay una vacuna que protege contra el contagio y las posibles complicaciones. Existen en nuestro país vacunas contra la hepatitis A (se aplican dos dosis con un intervalo de seis meses) y contra la hepatitis B (se aplican tres dosis). Pero también hay combinadas contra la hepatitis A y B; en este caso, se indican tres dosis. Ambas clases son muy seguras y confieren inmunidad por muchos años.
Nota: La información aquí expuesta podría estar desactualizada, dado que data de algunos años atrás.
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