
La creatividad no es solamente la capacidad de pintar, de bailar, de inventar una historia... Un chico que puede buscar diferentes soluciones para una situación, que puede comprender sus emociones y expresarlas, que se enfrenta a la vida con una actitud flexible, que cambia, que se atreve a imaginar y a jugar, es un chico feliz.
Por eso, es importante que los padres estimulemos desde muy temprano esta posibilidad que todos ellos poseen. Esta tarea es más compleja de lo que parece. ¿Cómo fomentamos la creatividad de los pequeños sin pretender inconscientemente que se conviertan en Mozart, Dalí o Nureyev, es decir, sin apabullarlos y respetando sus deseos?
¿Qué debemos responder cuando nuestro hijo nos muestra un garabato color morado adornado por tres rayas verticales y dice orgulloso “ésta es la abuela”? ¿Hay que elogiar sus creaciones por sistema, aunque no las comprendamos o no sean de nuestro agrado? ¿Debemos participar siempre en sus juegos de simulación cuando ellos nos invitan a hacerlo?
Los padres tenemos que encontrar intuitivamente la manera de intervenir cuando sea realmente necesario y saber cuándo quedamos simplemente en testigos mudos de este fascinante proceso. En el punto medio está la clave para no entorpecer el desarrollo creativo de los chicos y, en cambio, enriquecerlo.
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