
Es imposible negar la participación de los padres en esta pulseada de las nenas. Ellos han influido sin querer y queriendo. En primer lugar con su propio ejemplo.
No es raro que las chicas vivan en un ambiente donde siempre se pelea por ser el número uno: mamá con sus amigas, papá con los suyos y los dos con otros miembros de la familia.
Los motivos de la competencia son otros (posición social, trabajo prestigioso, hijos), pero el fervor en el enfrentamiento es el mismo. Y después de mamar cotidianamente esa batalla por ser el mejor es difícil olvidarla al salir a la calle.
Además, hay padres que no soportan que sus hijos no ocupen las posiciones privilegiadas en cualquier campo, no pueden verlos perder, los alientan en la contienda y hasta compiten codo a codo con ellos. Eso sí, en esas familias la auténtica amistad no encuentra espacio, y los afectos sinceros, menos.
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