
El lenguaje oral es la clave de la lectoescritura. Adquirir una buena base en el lenguaje hablado garantiza gran parte del éxito lector en el futuro.
En las salas del jardín de infantes se da pie a los chicos para que usen las palabras de mil formas divertidas: haciendo rimas, diciendo palabras que suenan de manera similar o inventando términos.
También los ayudan enormemente los juegos de palabras sencillos: jugar a adivinar con qué letra empieza una palabra, las palabras encadenadas, etcétera.

