
Aunque los ayudemos en esos momentos de apuros y agobios cuando se les viene el tiempo encima y deben hacer las tareas, la solución no está en que se lo demos todo hecho, sino en que vayamos educando, con paciencia, su capacidad para planificar, haciéndoles ver sus ventajas y ayudándolos a que sean cada vez más autónomos.
Del mismo modo, no se los debe castigar por su actitud ni recriminarles con comentarios peyorativos (“Te lo dije”, “Siempre te pasa lo mismo”, “Ahora te aguantas”), ya que sólo conseguiremos perjudicar su autoestima y la confianza en sí mismos, que es precisamente lo que debemos potenciar.
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