
Hoy, mirando una película en la tele en la que pasaban un parto, reviví el mío con tanta emoción, con tanto amor que me puse a llorar como aquel día. Rememoré el día que nació mi hijo llorando y temblando. Me acordé cuando lo pusieron sobre mí y yo no sabía cómo agarrarlo porque lo veía frágil e indefenso.
Era la personita más tierna del mundo. Y fue en ese momento, mami, cuando me di cuenta de todo el amor que nos diste y de la gran madre que fuiste.
Entendí el porqué de tus retos y de tus enojos. Descubrí lo que sentías cuando nosotras, mis hermanas y yo, nos peleábamos, mientras te esforzabas para que termináramos dándonos un beso y un abrazo. Y de lo lindo que era estar enferma porque entonces nos dejabas acostarnos en tu cama, nos traías la tele a la habitación y nos mimabas más que nunca.También recordé cuando papá se quedó sin trabajo y tuviste que coser para mantener la casa y para que no nos faltara un regalo para nuestro cumpleaños, para Navidad o Reyes. Y pensar que yo me ponía triste cuando no ibas a nuestros actos de la primaria porque tenías que trabajar…
¡Ay, mamá…! Cuántos recuerdos, cuántas cosas que hoy, siendo madre, llegué a comprender. Sólo espero que mi hijo reciba de mí lo que yo recibí de tu ser. Sobre todo lo más importante que me diste: tu amor.

