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Las estrategias pueden ser tan variadas como nos dicte la imaginación. Algunos ejemplos pueden orientarnos. De una manera gráfica y sencilla, se dibuja en una cartulina lo que no se acepta y se coloca en un lugar visible en su habitación.
También se deberían anotar las veces que el chico se porta correctamente (con asteriscos, corazones, flores…); cuando se rellene una línea, por ejemplo, se concede un premio que no tiene por qué ser algo material.
Antes de ir a la panadería, supermercado, etc., lugares de alto riesgo, seamos precavidos. Se le puede pedir que colabore con nosotros en la elaboración de la lista con todo lo necesario; que mire en la heladera y repase lo que falta.
Después se le advierte que sólo se va a comprar lo que pongamos en la lista. Debe portarse como un chico grandecito y no llorar, gritar ni hacer un escándalo. Si queremos comprarle algo, se anota el obsequio. También se le debe explicar que, si se encapricha, perderá el regalo. Hay que pactar con él y dejarle claro que tiene que comprometerse a respetar el acuerdo.
No podemos olvidar la importancia de felicitar al pequeño cuando se haya portado bien porque no hay que escatimar elogios. Es muy positivo que él vea cómo progresa y se dé cuenta de los beneficios que tiene hacerse grande y no comportarse como un bebé.
Privilegios como ir al cine con papá y mamá, realizar con ellos un collage, ir al parque de diversiones, leerles un cuento… son muy valorados.
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