
Pueden alterar el normal desarrollo del pie. Los pequeños nunca deben utilizar un calzado que no haya sido expresamente comprado para ellos aunque esté prácticamente nuevo.
¿Cuál es la razón? El pie de un niño es blando y, por lo tanto, vulnerable a la presión del zapato. Este, al mismo tiempo que lo protege, se adapta completamente a la forma y características individuales del pie e influye en el desarrollo de su estructura anatómica.
En consecuencia, un calzado heredado, que ya está deformado, alterará la biomecánica del pie y el normal desarrollo. Debemos estar atentos, porque el niño no se queja. El pequeño solamente se lamenta si los zapatos le quedan chicos, pero no cuando no se adaptan por completo a su forma de pie, a no ser que le rocen y le terminen produciendo una herida.
Sin embargo, además de estas molestas rozaduras, el calzado de segunda mano puede predisponer la formación de pies planos o provocar deformidades en la dirección de los dedos de los pies. En ciertas ocasiones, estas alteraciones permanecen durante el resto de la vida.