
Por lo general, en hospitales y sanatorios de nuestro medio, se niega la presencia del papá durante la intervención. El vínculo madre-hijo no debe verse afectado por estas cuestiones, la medicina posmoderna avanza como puede tratando de humanizarse frente a la inhumanidad del sistema.
Por ahora, el papá debe esperar al lado de la sala de operaciones, en el pasillo, disfrutando desde afuera, a través de la puerta entreabierta o por los mirillos, del espectáculo conmovedor de ver a su mujer con el bebé, mejilla a mejilla, ni bien nace.

