
El hombre también tiene cosas que aprender. La participación del hombre en el parto y en el cuidado del hijo es muy positiva. Si asistimos a un curso en el que no se aprecie suficientemente la colaboración masculina o si nuestra pareja se siente incómoda (porque hay pocos hombres o no se tratan los temas desde un punto de vista interesante para él), no perdamos el tiempo y busquemos otro más acorde con nuestros gustos.
En general resulta más fácil encontrar hombres en los horarios de tarde que en los de mañana. Si nos da lo mismo, quizá sea preferible elegir los primeros. Conviene que evaluemos la posibilidad de relacionarnos con otras mujeres, de compartir las preocupaciones del embarazo y de hacer contactos. En muchos grupos de preparación para el parto las parejas se hacen amigas, e incluso después de nacer los chiquitos mantienen el trato.
Haptonomía: para los futuros padres establecer contacto afectivo con su hijo mediante el tacto es una experiencia sorprendente. El hombre tiene ocasión de participar en el embarazo de su pareja sintiendo al bebé.Asimismo debe existir un buen clima de comunicación entre profesionales y participantes, basado en la cordialidad y la confianza. La atención personal es de agradecer en muchos momentos: si es posible plantear cuestiones íntimas a los especialistas en privado, la pareja contará con una ayuda más profunda.
En cuanto a los temas de puericultura y lactancia, sería deseable que no se ofreciera a los futuros padres una visión demasiado idílica del comportamiento de los recién nacidos. Cuanto más realistas sean las clases referidas a las actitudes y necesidades de los bebés, más útiles resultarán después en la práctica.

