
A veces, el llanto tiene un significado afectivo. Los chicos de estas edades, que no saben expresar bien lo que sienten, lo utilizan para reclamar la presencia de un ser querido.
“Todas las tardes, mi hijo (18 meses) espera jugando conmigo la llegada de su padre. Si él no entra directamente en la habitación donde estamos, para saludarnos, él se pone a llorar”, cuenta la mamá.
Está probado que cualquier bebé tiene fuertes emociones, lo mismo que el adulto. Sin embargo, a la hora de exteriorizar sus amores, deseos y caprichos, se encuentra limitado porque aún no está desarrollado psíquica ni físicamente, ni conoce las posibilidades del lenguaje hablado.
Por eso, el llanto también le sirve para sustituir manifestaciones afectivas. En algunas ocasiones, estas lágrimas de impotencia se producen ante situaciones que él no controla. Y ya que no sabe pedir lo que quiere, la madre, el padre o la persona que habitualmente lo cuida son los que mejor pueden interpretar el anhelo del niño. Lo ideal es que realicen la acción por él, hablando despacio y claramente, mostrándole las palabras que él podrá emplear en un futuro.
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