
Efectivamente, también los niños pueden padecer hipotensión. En general, esto suele coincidir con el segundo estirón, a partir de los nueve años, pero también puede ocurrir antes. El niño se queja de dolor de cabeza, mareos, pies fríos, flojera o cansancio y se lo ve pálido.
Además, puede presentar dificultades para concentrarse en el colegio. Los más afectados son los que han crecido rápidamente, los que tienen un peso inferior a lo normal y, en especial, las niñas.
Es difícil detectar la hipotensión. Muchas veces, cuando los padres llevan a su hijo al médico y éste le toma la tensión, no se descubre nada anormal. Esto se debe a que el nerviosismo que produce una visita al pediatra puede elevar la presión sanguínea en un momento.
La mejor terapia contra la hipotensión es el movimiento. Por las mañanas, el niño debería despertarse con suficiente tiempo para no tener que saltar de la cama sin ocasión para tomar fuerzas.
Es muy recomendable que haga un poco de gimnasia en la cama (por ejemplo, la bicicleta con las piernas en el aire), además le harán bien duchas alternativas de agua caliente y fría (en este orden) y una taza de té o, excepcionalmente, un poco de café en la leche.
Todo esto ayudará a tonificar su circulación. Si fuese posible, convendría que hiciese un poco de ejercicio camino a la escuela, corriendo un trecho o yendo en bicicleta.

