Consejos obvios, innecesarios e inoportunos para el embarazo

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Hay un tipo de consejos muy difíciles de rechazar: los que inciden en cosas que no se pueden rebatir. Todo el mundo sabe que una mujer embarazada debe cambiar su dieta «chatarra» por una muy saludable, hacer diariamente largas caminatas, dejar de fumar, no beber una gota de alcohol, derivar a un segundo plano su estresante vida laboral…

También la mujer embarazada lo sabe, y le preocupa e incluso la angustia no hacer las cosas como las «tiene» que hacer. Ella es, por supuesto, la primera interesada, pero no todos los cambios pueden hacerse de un día para otro. El problema es convertir esto en una obsesión, o vivir con culpa lo que uno no puede cambiar fácilmente.
Hay que dar tiempo, y por eso ciertos recordatorios («No deberías comer esas galletitas», «¿Vas a fumarte ese cigarrillo?», «Deberías esforzarte y caminar más», etc.) son innecesarios y a veces una intromisión que no hay por qué aceptar. Puede suceder que se te haga difícil cambiar tu dieta de inmediato. Y no porque no lo intentes: “Sabes que tenía que comer fruta, verdura y tomar mucha agua; pero cada vez que como una pera, por ejemplo, me cae mal.”“El cuerpo me pide pasta, arroz, galletitas… Y me agobiaba mucho porque pensaba que no estaba comiendo correctamente”, comenta. En este caso, los consejos y la información que tema chocaban con lo que le pedía el cuerpo, por lo que llegó a la conclusión de que las normas generales no se podían aplicar a su embarazo. Y en parte tenía razón, porque cada gestación es diferente, y la información que vale para unas no vale para otras. Es importante buscar la que nos ayude a entendernos a nosotras mismas.
Lo que les pasa a estas mujeres tiene su origen en los cambios hormonales del embarazo: éstos producen modificaciones en el metabolismo del azúcar, que en muchos casos tarda un tiempo en ajustarse a la nueva situación. Esto hace que demande más hidratos de carbono (pastas, arroz, pochoclo, galletitas, queso), que a su vez limitan las náuseas. En vez de aceptarlo y picotear constantemente para mantener los niveles de azúcar estables, que es lo aconsejable en estos casos, muchas mujeres se sienten horrorizadas porque ven cómo aumenta su apetito por las cosas dulces o «inconvenientes», y lo interpretan como que están haciendo algo mal. Pero todo va perfectamente.

Por otra parte, tampoco son necesarios (e incluso resultan inoportunos) los consejos en forma de historia truculenta sobre partos larguísimos, terriblemente dolorosos o desgraciados («Yo tengo una amiga que…»).

La mujer tiene derecho a defender su equilibrio emocional negándose a escuchar lo que no le interese. Durante el embarazo (y en cualquier época de la vida) es mucho más eficaz optar por los pensamientos positivos.


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