
Es necesario recordar que si bien durante el embarazo la mamas se modifican, no pierden su identidad. De manera que, si la futura mamá tenía hecho previamente el diagnóstico de “displasia” (trastorno del tejido de causa hormonal), lo más probable es que esa displasia también diga presente en la gestación.
El examen clínico más los antecedentes suelen ser suficientes para el diagnóstico. Si la duda persiste, puede recurrirse a un estudio radiográfico de la mama. El tratamiento lo constituye el propio embarazo, ya que las hormonas del mismo tienen, al parecer, un efecto benéfico sobre el tejido mamario.
Si bien los procesos malignos durante la gestación constituyen la excepción y no la regla, el médico dispone de un arsenal terapéutico que le permitirá resolver la situación, según el tiempo de embarazo en el que se realizó el diagnóstico.
Una situación especial es la de aquella mujer que ha tenido previamente un proceso maligno, que ha sido tratada con éxito y que luego queda embarazada. La gestación no “reaviva” ningún proceso, por lo que pueden realizarse los controles correspondientes sin alterar el curso normal del embarazo.

