Qué delicia! Cuando un bebé duerme tranquilamente, inunda de placidez y ternura todo el que lo observa. Y más a papá y mamá, que pueden pasarse horas y horas mirando, sintiendo y respirando la felicidad que irradia su hijo. Sin embargo, llegar a ese punto no siempre es fácil. A veces, el bebé no quiere (o no puede) dormirse y sus padres se desesperan.
De hecho, durante el primer año, se ha calculado que los somnolientos papás pueden llegar a perder entre 400 y 700 horas de sueño. Pero no todo son malas noticias: desde muy chiquitos se los puede ayudar a ser buenos dormilones aplicando ciertas rutinas básicas antes y durante el sueño.
Así, los chicos se beneficiarán de la función reparadora del descanso, que mejora las defensas del organismo, y los progenitores también tendrán dulces sueños. Para eso, hay que conocer las dos etapas de sueño por las que atravesará nuestro hijo durante sus primeros doce meses de vida.
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