
Así que no desdeñemos la parte positiva de las supuestas mentiras de los chicos de esta edad. Una edad, además, en la que la fantasía (esa posibilidad tan valiosa) y el pensamiento mágico todavía son muy importantes, y el sentido de lo que es y no es real todavía no está del todo consolidado.
Si un chico se encuentra en la etapa de creer que la luna es (de verdad, no figuradamente) una cara redonda o que los pájaros hablan, no debe extrañarnos demasiado que un día le dé por decir que un pájaro le contó algo al oído o que es amigo del mismísimo Mickey Mouse.
Por lo tanto, haríamos mal en calificar de mentiras algunas fantasías de los pequeños de esta edad, y mucho peor en ponerlos en ridículo o llamarlos mentirosos. Pero una cierta tolerancia, o incluso una relativa complicidad, tampoco implica hacerles creer que nosotros mismos nos engañamos.
Si le decimos. “Mira, ese pájaro que se ha posado en la ventana debe de ser tu amigo”, nuestro tono debe indicar que, tanto él como nosotros, sabemos que en realidad se trata de un juego. Podemos respetar y hasta alimentar la fantasía infantil pero no fomentarla en exceso ni hacerle sentir que se le va de las manos, ya que entonces podríamos entorpecer o retrasar el necesario acceso al mundo de lo real. Seguir leyendo





A esta edad no es imprescindible comprar un caballete, ni un piano ni un traje de bailarina ni nada parecido. Con cosas que tenemos en casa, que incluso desechamos cada día, tendrán para empezar.

