A esta edad no es imprescindible comprar un caballete, ni un piano ni un traje de bailarina ni nada parecido. Con cosas que tenemos en casa, que incluso desechamos cada día, tendrán para empezar.
Además, necesitarán pinturas de dedos o témperas de colores, marcadores gruesos y papeles grandes (como de embalar) o cartulinas para los que tengan preferencia por las artes plásticas. Para modelar, lo mejor es la arcilla, pero también vale la masa (hecha en la cocina con harina, agua y sal), el barro, la arena húmeda o un trozo de plastilina blanda.
Para disfrazarse y jugar a ser otro, un baúl o cesto con ropa vieja, sombreros, bolsos, grandes, collares, pañoletas, lápiz de labios, etcétera. También podemos proporcionarles material de desecho (cajas de cartón de todos los tamaños, canutos de los rollos de papel higiénico, lanas, papel de diario, vasitos vacíos de yogur, trapos…)
Por otro lado, es recomendable que tengan títeres de guante y juguetes de plástico con los que puedan despacharse a gusto en el llamado juego simbólico (tetera, tacitas, platitos y demás vajilla, comida, monederos, peines y espejitos, teléfono, un camión o un tractor, camitas para los muñecos, etcétera).
Por último, no olvidemos la música. Por una parte, tapas de cacerolas, cucharas de madera o pequeños tambores; y por otra, algún casete con melodías que inviten a moverse, saltar y bailar, y otro con música suave y relajante.
Los cuentos son el complemento perfecto en cualquier üsta de materiales necesarios para estimular la imaginación infantil. A esta edad, deben ser libros de imágenes, de cartón plastificado (los llamados “duros”) en los que aparezcan personajes y escenas familiares del entorno más próximo.









