Muchos chicos han descubierto lo divertidas que fueron sus primeras fiestas de cumpleaños por fotos y anécdotas. Y esto tiene una importancia mayor de la que pensamos, porque las fotos les demuestran que su presencia es importante y motivo de alegría por parte de toda la familia desde que llegaron al mundo. Se sienten especiales y, sobre todo, queridos.
¿Quién no conoce a alguien que se deprime cada año cuando le llega esta fecha? A nadie le importa demasiado que le salgan un par de arrugas más si, junto con ellas, puede rememorar la alegría y la impaciencia con que esperaba las sorpresas que planeaban sus papas. Este espíritu de felicidad los acompañará durante toda su vida. Por eso, nuestra es ahora la responsabilidad (y el privilegio) de hacer que sea verdaderamente inolvidable.
Invitados
Avisar con una semana de anticipación es imprescindible para que el cumpleaños llegue a buen término. Sí lo hacemos antes, los invitados se olvidarán; y si lo dejamos para último momento, pueden tener otros compromisos. Lo primero que debemos hacer es seleccionar con nuestro hijo el número de invitados y hacer una agenda de todos los teléfonos, por si los necesitamos durante la fiesta.
Invitaciones
En cualquier papelería o shopping podemos adquirirlas, pero resulta mucho más divertido fabricarlas nosotros mismos. Si compramos cartulina de colores y la cortamos en tantos trozos como invitados haya, él puede decorarlas con un dibujo o pegar fotos que le gusten y escribir el nombre de sus amiguitos detrás. En ellas figurará el nombre del invitado, la fecha y hora de comienzo y final de la fiesta, dirección y número de teléfono. En un par de días ya podemos llamar a los padres para comprobar que todos pueden asistir.
Bolsitas de cumpleaños
El protagonista debe elegir cómo hacer su fiesta, pero, si es época de clases, es costumbre confeccionar paquetes de caramelos para los compañeros. Puede ser más original (y mejor para sus pequeños dientes) llenar las bolsitas con lápices, gomas de colores o pequeños juguetes. También podemos ayudar al cumpleañero a preparar una gran torta y llevarla con platos de plástico y servilletas a la escuela. ¡Ah!: al contar, no nos olvidemos de la maestra.





