Guiar a los niños por el camino de la autonomía

Aunque los ayudemos en esos momentos de apuros y agobios cuando se les viene el tiempo encima y deben hacer las tareas, la solución no está en que se lo demos todo hecho, sino en que vayamos educando, con paciencia, su capacidad para planificar, haciéndoles ver sus ventajas y ayudándolos a que sean cada vez más autónomos.

Del mismo modo, no se los debe castigar por su actitud ni recriminarles con comentarios peyorativos (”Te lo dije”, “Siempre te pasa lo mismo”, “Ahora te aguantas”), ya que sólo conseguiremos perjudicar su autoestima y la confianza en sí mismos, que es precisamente lo que debemos potenciar.

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Se puede enseñar a los chicos a amar?

Aunque ya ha aprendido las primeras sílabas y las pronuncia, el bebé sigue transmitiendo miles de mensajes afectivos a través de su mímica gestual.

“Mis hijos son gemelos y los atendemos simultáneamente mi mujer y yo. Nuestro hijo es más cariñoso que la nena. Aún así, nos obsequia con sonrisas, carcajadas y tirones de pelo acompañados de balbuceos” señala un papá interesado en saber si se puede enseñar a querer a los hijos. Una pregunta difícil de contestar, ya que el sentimiento profundo de afecto no se puede aprender, se debe sentir.

Lo que ocurre es que, a esta edad, los chicos no están capacitados para demostrar los afectos como los adultos. Sin embargo. se los puede ayudar a expresarlos si désete temprano se establece una buena comunicación en el núcleo familiar.

Por el contrario, cuando el adulto no sabe o le cuesta demostrar su cariño al pequeño, éste tendrá dificultades no sólo para expresar sus sentimientos, sino para crecer y construir su afectividad.
Esto no significa que los padres tengan que ser perfectos. En los vínculos afectivos se producen oscilaciones totalmente normales.

Un día, el adulto puede estar cansado y no tener ganas de acariciar al hijo, o al revés. Son situaciones aisladas que no alteran la relación afectiva, pero si los desencuentros son permanentes, pueden causar trastornos en el chico, que conviene remediar cuanto antes consultando a un psicólogo.

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Debo corregirlo y enseñarle cuando pinta mal o juega?

Todos los materiales resultarán realmente útiles si permitimos que los chicos los utilicen con libertad. No tiene sentido intentar dirigir su trazo cuando está dibujando “para que quede más lindo”. Tampoco sirve intervenir en sus juegos con frases como “la media va en la patita del oso” cuando el niño está poniéndosela en la mano a modo de guante. O bien, “así no se toca el tambor, te enseño cómo se hace”.

Nuestra tarea como padres no es criticar ni juzgar ni corregir. Es, sencillamente, observar, ayudarlos si nos lo piden, participar si ellos nos incluyen, procurar que no se hagan daño y disfrutar con el espectáculo.

Si nuestros hijos nos invitan a entrar en sus juegos, tenemos que mantenernos en un segundo plano y aceptar que son ellos los que mandan con su lógica infantil. Es decir, si nos sirve una taza de un supuesto té con la tetera al revés, lo correcto es exclamar “¡Qué
té tan rico!” y no “Da vuelta la tetera para servir”, o peor aún: “Deja, que lo sirvo yo”.

No olvidemos tampoco que algo que puede sofocar cualquier conato de creatividad es ponerse didácticos. Si el pequeño está pintando, no hay que decir “A ver, ¿qué color es éste? ¿Y ése? ¿Y el de más allá?…”. O si juega a formar una torre con cubos, intervenir con una frase pretendidamente educativa como: “¿Cuántos cubos hay aquí?” o “El cubo grande va primero, el mediano después y al final el más chiquito”.

El juego creativo perderá todo el interés para convertirse en una obligación. Cuando empiece el jardín, el pequeño tendrá oportunidad suficiente de aprender a contar, a nombrar colores, tamaños, formas y objetos.

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A partir de los cinco años, comienzan las mentiras?

Cuando un niño pequeño miente está dando una importante muestra de progreso intelectual. Esta afirmación puede resultar chocante para la mayoría de los padres pero enseguida explicaremos por qué lo decimos.

Deformar la realidad

La palabra “mentir” no es muy adecuada si se aplica a estas edades. La mentira propiamente dicha requiere una cierta alevosía, una intención consciente de engañar y confundir al otro, y eso está ausente en chicos tan pequeños.

Digamos que a veces ellos deforman la realidad. Después de todo es lo mismo que hacen cuando juegan a los bomberos o a los papas: simulan algo que, a fin de cuentas, no es real. Separar la realidad de la representación de la realidad es un logro mental decisivo para una evolución intelectual posterior.

Además, ciertas mentiras juegan un importante papel exploratorio. Los chicos comprueban mediante ellas que tienen un mundo interno diferente del de las demás personas, una intimidad que, si lo desean, pueden preservar.

Constatan que su mente les pertenece y que pueden compartir o no sus contenidos según su voluntad
. Este carácter meramente exploratorio se revela muchas veces en que después de uno de estos engaños exclaman: “No, no era verdad. Te engañe”.

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Es demasiado baja para su edad?

“Tengo una hija de casi cuatro años que, en comparación con otras nenas de su edad, es varios centímetros más baja. ¿Debo preocuparme? ¿Hay alguna forma de saber cual será su estatura definitiva?”

Si tienes dudas acerca de la estatura de tu hija, debes hablar con su pediatra. Es él quien en los reconocimientos periódicos toma nota del peso y la altura de la nena y, si observara algo anormal en su evolución, te lo haría saber. De todas maneras, más que la altura en un momento determinado, es importante comprobar si la pequeña crece a un ritmo constante, señal de que todo está en orden.

Si es así, no debes preocuparte en exceso por la estatura de tu hija. Además, tendrás que evitar transmitirle esos temores a la pequeña. Cada chico tiene una altura diferente, de la misma forma que unos son más delgados que otros, más fuertes o más rubios.

En ello intervienen factores genéticos, imposibles de modificar. Así entonces, aunque no se pueda predecir con exactitud la estatura definitiva de un chico, si sus padres son más bien bajitos, es bastante probable que él no llegue a convertirse en un gigante.

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Mi hijo no avanza en el habla, sigue sin hablar

“Nuestro hijo de 15 meses, sabe decir “mamá”, “papá, “auto”. Este escaso vocabulario lo domina desde fines del año, sin que lo haya aumentado durante los últimos meses. ¿Es que algo funciona mal?”

Probablemente, durante estos meses, tu hijo ha aprendido a caminar. Muchos chicos se ven tan implicados en esta aventura que, por un tiempo, desplazan el aprendizaje del habla a un segundo plano. Por otro lado, existen diferencias individuales muy grandes. La mayoría de ellos comienza a hablar entre tos 12 y los 18 meses; otros no se sueltan hasta los dos años.

Algunos acumulan un gran vocabulario pasivo, es decir, conocen un montón de palabras pero no las usan, prefiriendo expresarse con gestos, hasta que, de repente, se largan de una vez. Por lo general. las nenas hablan más pronto que los varones.

Conversa mucho con tu hijo, cuéntale cuentos y cántale canciones, todo ello sin exigirte nada. Es la mejor forma de fomentar el aprendizaje del habla.

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La dentición, produce fiebre?

Es al revés: la fiebre hace qué los dientes crezcan más rápido. El aumento de la temperatura provoca una aceleración del metabolismo, y por eso la mucosa que cubre el diente se retira más rápido.

A partir de los seis o siete meses, es decir, coincidiendo con la época de la dentición, los chicos se enferman más a menudo que antes.

Esto se debe a que los anticuerpos procedentes de la madre se van agotando, teniendo el bebé que crearse su propio sistema inmunológico. Si tiene fiebre, ésta no ha sido causada por la salida de un diente, sino por alguna infección.

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Se fortalecen los dientes con flúor

La mejor prevención para los dientes de leche consiste en una buena alimentación de la madre gestante, que aporte al bebé todos los minerales necesarios.

El flúor que el pediatra puede prescribir está pensado para los dientes permanentes. De la dentadura de leche sólo se benefician los segundos molares, ya que son los más tardíos y no salen hasta los dos años. No se debe administrar nunca al mismo tiempo que el pecho o la mamadera.

El calcio contenido en la leche y los productos lácteos impide la absorción del flúor. El bebé debe tomar su dosis prescripta entre horas, junto con agua o jugo.

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