
“Mis hijos, de cuatro y seis años, disfrutan desordenando la habitación y esparciendo sus juguetes por el piso, pero después no quieren ordenar. ¿Cómo puedo conseguir que sean más ordenados? ¿Soy demasiado exigente con ellos?”
Los hijos pueden y deben colaborar en las tareas domésticas cotidianas. Guardar los juguetes es algo para lo que están capacitados desde muy pequeños (ya a los dos años puede ayudar a meter las piezas del puzzle en su caja o reunir las construcciones diseminadas por la alfombra).
Si los habituamos desde chiquitos, cuando están ansiosos por colaborar, será fácil inculcarles el hábito. No debemos imponer el orden como un castigo; así lo único que conseguiremos es que asocien el orden con una tarea pesada y aburrida.
Lo ideal es que la tarea de ordenar se convierta en un juego. Podemos dividir las obligaciones entre padres e hijos, o entre hermanos, y jugar una carrera, a ver quién termina antes. O bien podemos poner música y animarlos a bailar mientras ubican cada cosa en su lugar.
También lo que funciona es proponer que cuenten en voz alta los juguetes que van guardando (”Uno, dos, tres… ¿hasta cuánto sabes contar?”). Hay muchas posibilidades; sólo es cuestión de un poco de imaginación.

