
“Pobre… tan chiquito y ya con un hermano” ¡Cuántas veces lo escuchamos! La expresión está cargada de predicciones y pretende anticipar el futuro de ese chico: que va a quedar desatendido, o casi abandonado, que la madre no le va a poder seguir dando de mamar, que ni siquiera va a tener tiempo de ser bebé porque el otro le va a ocupar su lugar…
Es cierto que es difícil vincularse con un hijo de pocos meses, conocerlo, atender a sus demandas y al mismo tiempo vivir la sensación, las fantasías y el cambio del cuerpo que significa un nuevo embarazo. Nadie puede negarlo.
También es cierto que en esta primera etapa de su vida, es bueno que un chico sea atendido, considerado y único centro de atención de sus padres, pero si las cosas no se dan según este modelo ideal no se desencadena el fin del mundo.
Habrá que tomar recaudos muy especiales para no perjudicar a ninguno de los dos. Para eso los papas tratarán de encarar el asunto con calma, paciencia, colaboración, comprensión mutua y mucho, mucho cariño. Seguir leyendo

